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El 2021 fue un año tan retador como el 2020 por la adaptación a los cambios que trajo la pandemia, pero que nos permitió, poco a poco, volver a los territorios más afectados por la violencia para seguir aportando a la construcción de paz, la seguridad y el desarrollo sostenible.

Durante este año continuamos fortaleciendo nuestras apuestas en las agendas de diálogo, seguridad, estabilización de los territorios y acción empresarial. La mejor noticia es que logramos adelantar de manera exitosa 64 proyectos con el impulso decidido de un equipo que hoy integran 164 personas.

Destaco que el contexto de movilización social y protesta fue determinante en el desarrollo de algunas de las experiencias de diálogo en las que la FIP se involucró, y en nuestros aportes a la crisis de la Policía y la reforma del sector seguridad. Estas experiencias nos permitieron conectar actores diversos y fortalecer nuestro potencial de crear soluciones innovadoras.

También fueron de la mayor relevancia nuestros aportes al debate sobre el estado de la implementación del Acuerdo de Paz. A cinco años de la firma en el Teatro Colón de Bogotá, hay avances incuestionables, pero también preocupantes señales de deterioro que pueden malograr el objetivo superior de lograr la paz que los colombianos anhelamos.

No podemos dejar perder lo que hemos ganado y que sigue siendo motivo de admiración internacional. Estamos en año electoral, en año de decisiones, y este momento de la paz requiere de grandeza política, que no se siga atizando la discusión estéril entre los defensores del Acuerdo y sus detractores y que nos dediquemos más bien a proponer soluciones y alternativas de futuro.

En medio de una espiral de violencia que afecta, sobre todo, a los más vulnerables, y que mucho se discute si estamos retrocediendo, en la FIP hemos venido madurando una idea distinta de pensar la paz –o mejor, una postura–, que llamamos: la paz posible.

Se trata de una paz que pasa por el prisma de lo que es viable y creíble para los colombianos; una paz aterrizada a nuestras realidades, pero que no abandona los anhelos de transformación. Una paz que tiene el potencial de generar cambios reales en la vida de las personas, transformando los conflictos, dignificando a los ciudadanos y avanzando hacia la reconciliación. Es una paz que puede lograrse si aceptamos que podemos avanzar paso a paso, pero de manera persistente.

Que esta sea una invitación a conocer nuestros aportes a la construcción de paz.

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