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El reciente ciclo de movilizaciones, sin antecedentes recientes en términos
de dimensión e intensidad, abre preguntas sobre el futuro y la estabilidad del sistema político en Colombia. En medio de la polarización, las posiciones sobre lo que ocurrió se ubican entre aquellos que exaltan la masiva participación ciudadana y condenan la respuesta estatal —señalando a la Policía por los desmanes— y quienes ven una suerte de conspiración sediciosa desde la oposición, con influencias externas. Pero el asunto es más complejo.

Para entender lo que ocurrió y, sobre todo, lo que podría venir en los próximos meses, es necesario comprender el contexto, los actores, las motivaciones y las arenas en las que se ha dado la protesta. Las crónicas, las miradas más anecdóticas y los testimonios de los protagonistas, son un insumo importante, pero a partir de ellas es difícil identificar las tendencias, seguir el curso de los acontecimientos e intentar ver el bosque.

Por esta razón, la FIP y el Observatorio de Redes y Acción Colectiva (ORAC) de la Universidad del Rosario se propusieron realizar un aporte desde una mirada más sistemática, basada en un seguimiento periódico que confirma algunas intuiciones, pero que también revela nuevas facetas y permite establecer matices.

Este propósito coincidió con la revisión y ajuste de la Base de Datos de Movilización Social de la FIP, creada desde 2015 con la idea de recopilar información sobre los hechos de movilización social en Colombia y hacer un seguimiento a la conflictividad social y política en el periodo del proceso de paz con la guerrilla de las FARC y la implementación del Acuerdo. Este proceso permitió revisar los aspectos conceptuales y metodológicos de la Base, así como ajustarla y analizar la información al calor de una coyuntura muy activa en términos de la movilización social: el Paro Nacional del 28 de abril de 2021.

Es importante mencionar que no se trata de una base de datos en la que se haga un conteo exacto de las movilizaciones sociales que se dan en todo el país; lo que se consigna, en realidad, son los municipios en donde tienen lugar estos hechos, los actores movilizados (en términos genéricos); los repertorios de acción colectiva usados (modos de llevar a cabo la protesta); y los tipos de reivindicaciones planteadas. También incorpora una breve descripción de los hechos y las afectaciones que pueden derivarse de las manifestaciones.

Con toda esta información, la FIP y el ORAC buscamos responder a una serie de preguntas para el periodo de julio de 2019 y el final de junio de 2021. Se escogió esa ventana de tiempo, para observar lo sucedido unos meses antes de que iniciara el paro nacional del 21 de noviembre de 2019 y durante los meses más significativos del paro que inicio el 28 de abril de 2021, sin dejar de lado los eventos de movilización social que sucedieron en el intermedio.

Las preguntas y los hallazgos

Nuestro análisis se centró en siete grandes preguntas que revelan una aguda radiografía:¿Cómo surgió y evolucionó el paro nacional?, ¿Dónde se concentraron las movilizaciones?, ¿Cuáles fueron los actores más relevantes y cómo se articularon?, ¿Cuáles fueron las agendas más relevantes?, ¿Cómo respondió el Estado?, ¿Qué tanto escaló la violencia? y ¿Cuáles pueden ser los escenarios de la movilización en el periodo electoral del 2022?

Vale la pena tener una mirada retrospectiva sobre estos paros nacionales recientes, dado que ya son hitos históricos de la movilización social en el país. Si bien en Colombia se convoca a paros nacionales prácticamente todos los años, hace mucho tiempo que no se había logrado una articulación de tantos sectores sociales, generando unas protestas masivas de forma sostenida durante varios meses. Ya de por sí la articulación de tantos sectores es un hecho significativo, en un país donde, como diría el investigador Mauricio Archila, cada actor tiende a ir por su lado y en el que “las luchas sociales son como pompas de jabón, sin enlace entre ellas y de carácter efímero” (Archila, 2003).

Es importante resaltar que las movilizaciones en Colombia no han ocurrido de manera aislada, sino en un contexto de agitación social a nivel mundial que cuestiona el funcionamiento de las democracias y su capacidad de inclusión. Esto especialmente en países con ingresos altos y medios que tienen elevados niveles de desigualdad (Ortiz, 2021).

Estos son algunos de los principales hallazgos del informe:

1. En la etapa posterior a la firma del Acuerdo de Paz, nuevas capas de ciudadanos han ejercido su derecho a la protesta y diversas agendas pretenden ser incluidas en el sistema político.

2. El reciente ciclo de movilizaciones sociales fue el resultado del encuentro gradual de varios sectores y organizaciones con distintas demandas que terminaron entrelazándose. No hubo un solo movimiento o liderazgo, ni tampoco una gran conspiración.

3. Los anuncios de reformas por parte del Gobierno, así como algunos hechos de violencia policial, activaron y propulsaron la movilización, pero esto ocurrió sobre la base de problemas estructurales no resueltos.

4. La pandemia agravó los problemas y no desactivó las protestas; por el contrario, las alimentó.

5. Los estudiantes, los jóvenes y las comunidades locales fueron los actores más activos.

6. Las movilizaciones sociales se concentraron en ciudades y cabeceras municipales, aunque también tuvieron una dimensión rural.

7. El reciente ciclo de movilización tuvo distintas capas de reivindicaciones, desde lo nacional a lo territorial, enmarcadas en un malestar social generalizado.

8. La respuesta por parte del Gobierno Nacional fue ambivalente y tardía: mientras intentaba apagar incendios, continuaba avivando el fuego.

9. La violencia ocupó un mayor espacio en la protesta y las reformas a la seguridad se posicionaron como uno de los principales reclamos en las calles.

10. Esta historia continuará, aunque no es posible determinar cómo y cuándo. Sobre este último punto, este informe propone un ejercicio de prospectiva con cuatro escenarios: cooperación; confrontación; fragmentación y resignación.

Para la FIP y el ORAC, una idea central es que el escenario electoral podría ser una válvula de escape, con alternativas que impulsen el potencial reformista, dirigiendo al país bien a un escenario de cooperación o bien al “campo de batalla” de los extremos, en medio de una competencia liderada por candidaturas que buscan “salvarlo” del caos (desde la derecha) o del inmovilismo (desde la izquierda).

Esperamos que este documento contribuya a estudiar y comprender los fenómenos de movilización social en Colombia y, sobre todo, que dé unas primeras pistas sobre cómo el Estado y los gobiernos —tanto a nivel nacional como local— pueden responder. En ese sentido, ofrece una mirada retrospectiva y en perspectiva de las protestas más recientes, y plantea preguntas fundamentales para la estabilidad del país que creemos se resolverá en la capacidad del sistema político de incluir a las distintas agendas y actores.

En este análisis también participaron Nicolás López de la FIP y Adriana Camacho y Juan Carlos Guerrero de la Universidad del Rosario.

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