PROYECTO | El pasado 28 de febrero, en la ciudad de Acapulco, México, se presentaron los resultados de la investigación "La educación no formal, la cultura y el aprendizaje en la construcción de paz en tiempos de crisis: Medellín y Acapulco", proyecto financiado por la academia británica y que investigó sobre el impacto que habrían tenido prácticas políticas, privadas y sociales centradas en la cultura y la educación en la Medellín de los años 2010-2019, sobre las condiciones de violencia de la ciudad.

Los resultados se utilizaron para la construcción de un modelo de transferencia de lecciones y retos, que será entregado a la alcaldía de Acapulco como insumo, para aportar en la planeación de su política de reducción de la violencia.

El equipo investigativo conformado por la Fundación Ideas para la Paz, la Universidad de Glasgow y El Colegio de Sonora de México, duró dos años afrontando los retos metodológicos de recolección de información en medio de la pandemia y logró, bajo el esquema virtual, hacer más de 100 entrevistas en los dos países y aplicar una encuesta presencial en Medellín, con una muestra de más de 1.000 personas.

Jerónimo Castillo, director del área de Estudios en Seguridad y Política Criminal de la FIP, manifestó en la presentación de estos resultados que el proyecto inició con la visita de un grupo de académicos de la Universidad de Glasgow a la capital antioqueña para conocer de primera mano cómo la ciudad pasó de tener un alto índice de violencia y criminalidad, a ganar premios por su transformación, y ver cuáles de sus prácticas podrían replicarse en México para aportar en el proceso de construcción de paz en el Estado de Guerrero.

“En el marco de este estudio surgió una narrativa enfocada en que los actores culturales y educativos han jugado un papel preponderante dentro del esquema de gobernanza de la seguridad que ha tenido Medellín en las últimas tres décadas. Si bien, los grupos armados y la delincuencia tuvieron una presencia importante en la ciudad, la educación y la cultura hicieron resistencia a esta violencia, la cual lideraron jóvenes y organizaciones de la sociedad civil, aprovechando que los grupos armados parecían no tener una influencia directa dentro de los planes y actividades que realizaban”, aseguró Castillo.

La investigación liderada por la FIP en Medellín, evidenció que la educación (formal y no formal) y la cultura, fueron una alternativa que jóvenes y organizaciones comunitarias posicionaron en la ciudad, sumándose a otras iniciativas como las desmovilizaciones, políticas policivas y militares, diálogos con actores armados, instancias institucionales específicas para abordar la crisis de violencia, desarrollo de grandes proyectos de infraestructura en la movilidad, entre otros.

Estos artistas y jóvenes en los años 80s y 90s construyeron espacios, contextos y resignificaron símbolos y lugares en donde habían ocurrido muertes, otras violaciones a los derechos humanos y actividades ilegales, lo que se constituyó en una forma de enfrentar la violencia que resultó pesando en el modelo de gobernanza de la seguridad de algunos barrios y comunas; la cual hoy subsiste.

Los resultados de la investigación serán presentados entre marzo y abril en los dos paises.

Este tipo de hallazgos le permitieron a los investigadores proponer un modelo alternativo sobre la comprensión de la gobernanza de la seguridad, en donde además de la Fuerza Pública, y la articulación publico privada, resultó una oportunidad la participación de la sociedad civil, los grupos culturales y de educación formal y no formal, para enfrentar la violencia por fuera de las estrategias policiales y militares que suelen utilizarse como primera opción en estos temas.

Castillo también resaltó que, aunque cada ciudad es distinta y no se pueden aplicar las mismas estrategias al pie de la letra, sí hay algunas prácticas que se ejecutaron en Medellín y que pueden tener éxito en Acapulco. "Las acciones sí se pueden hacer desde las comunidades, desde la cultura y desde las artes. Es cuestión de abrir la participación a un momento inclusivo, a alianzas entre diferentes actores y los artistas, los empresarios y la gente que trabaja en la educación no formal”, dijo.

Presentación de Manuela Suárez, investigadora de la FIP, sobre los hallazgos en Medellín, Colombia

Para Nhora Niño, del Laboratorio de Investigación con la Infancia del Colegio de Sonora de México, la apuesta de compartir este tipo de experiencias radica en el objetivo de resistir a la violencia. “Luego de este trabajo en equipo con Colombia, se encontraron pequeñas luces de programas que sí funcionan con buen presupuesto”, aseguró la investigadora.

Alejandro Bahena, investigador de la Universidad de Glasgow también compartió algunos resultados. “Nosotros trabajamos la construcción de paz de manera indirecta, donde actividades culturales y actividades artísticas generan esta protección que se encuentra en todas las narrativas de Acapulco y Medellín, cuando hablan de qué tan importante ha sido la cultura y el arte para ellos, en relación con la construcción de paz”.

Bahena indicó que la cultura y el arte fomentan la base social para quitar y remover aquello de lo que si se apropian los grupos delictivos, porque se vuelve moralmente más difícil cometer cualquier tipo de delito cuando se hace parte de un grupo cultural o artístico; moralmente es más complicado”, insistió.

Los resultados de la investigación serán presentados de manera más amplia durante los próximos días ante sectores de la sociedad civil, empresarios y funcionarios del gobierno mexicano y en el mes de abril en la ciudad de Medellín.

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