El tercer encuentro de Reconciliación Colombia, que se llevó a cabo en la ciudad de Barranquilla y contó con más de 60 líderes de diferentes sectores como el empresarial, gubernamental y social de las regiones Caribe y Orinoquía, generó avances en el diálogo interregional e intersectorial en materia de reconciliación.

La primera conclusión fue expuesta en el panel de autoridades locales donde participaron Alan Jara, Gobernador del Meta; Juan Carlos Gossaín, Gobernador de Bolívar y Jaime Berdugo, Secretario de Gobierno del Atlántico. El Gobernador del Meta, Alan Jara, señaló que la reconciliación empieza en los territorios, porque son ellos los que han sufrido los efectos del conflicto.

“El debate tiene que darse en las regiones, porque es allí donde se ha vivido el conflicto”, manifestó Jara, quien propuso que los recursos que se inviertan en el postconflicto sean directamente proporcionales al impacto que ha tenido la guerra en cada región.

El Gobernador de Bolívar, Juan Carlos Gossaín, coincidió con él en que para hablar de reconciliación no es necesario que haya llegado el fin del conflicto. Resaltó que es necesario el trabajo conjunto entre Estado y comunidades y manifestó que el solo hecho de identificarse, de reconocerse unos y otros ya es un avance hacia la reconciliación.

En el segundo panel, donde participaron Antonio Celia, Presidente de Promigas; Clara Serrano, Directora de Asorinoquía; Azucena de Benedetti, Presidente del Grupo Caribe y Hernán Vásquez, Coordinador del proyecto MACA de Alquería, surgió un tema que no se había mencionado con la misma relevancia en los anteriores encuentros de Reconciliación Colombia: la importancia de la educación en la reconciliación.

Antonio Celia, Presidente de Promigas, cuyo trabajo social ha estado enfocado precisamente hacia este tema, destacó que en la vida de las personas esta se traduce en inclusión, equidad, prosperidad social. “Educar es darle a la gente la posibilidad de que dé lo mejor de sí”, comentó Celia, tras señalar que el Caribe es una de las regiones del país en donde hay una mayor brecha entre educación privada y pública, urbana y rural. Igualmente, hizo énfasis en la importancia del lenguaje en materia de reconciliación, pues las exageraciones, la pugnacidad, los insultos y las palabras violentas y agresivas “alejan la forma civilizada de dirimir los conflictos”.

Azucena de Benedetti, Presidenta del Grupo Caribe, también habló del tema al presentar un proyecto que adelanta junto con autoridades locales y regionales, cooperación internacional y agencias del Gobierno para la inserción de jóvenes víctimas, indígenas y afrocolombianos a la vida laboral, luego de brindarles un proceso integral de formación.

A juicio de esta empresaria, el derecho a una educación de calidad permitirá hacerle frente a la alta deserción que se da en la gente de escasos recursos, pues niños y jóvenes de los niveles sociales de mayor vulnerabilidad ingresan de forma muy rápida a la masa de la economía informal, legal o ilegal, y las niñas terminan embarazadas a temprana edad.

La educación, la equidad, el fortalecimiento de la confianza y la participación comprometida del sector empresarial en las regiones es fundamental para avanzar hacia la generación de capacidades y del encuentro oportuno entre comunidades, instituciones y realidades.

En el tercer panel, donde participaron miembros de organizaciones sociales como Dínora Angarita, Líder de la comunidad de El Castillo en el Meta; Katherine Torres, coordinadora de la iniciativa araucana Puentes para la Paz; Ricardo Esquivia, Director de la fundación Sembrando Paz, que trabaja en los Montes de María y Claudia Betancourt, Coordinadora del Plan Convivencia Pacífica Atlántico, dejó en evidencia el llamado de las organizaciones sociales al sector empresarial de entablar un diálogo directo con las comunidades y la necesidad de construir una reconciliación entre las empresas y los territorios en donde éstas operan, trabajando a partir de los diagnósticos de las poblaciones.

Por su parte, Luis Baquero, profesor de la Academia de Historia del Meta, recordó una antigua frase de Fabio Echeverri, quien alguna vez afirmó que a la economía le iba bien pero al país mal. Manifestó que a los empresarios no les puede ir bien si al país le va mal, pues su papel no puede estar orientado solo a hacer dinero, sino que debe estar vinculado al mejoramiento del contexto social.

Débora Barros, víctima de la masacre de Bahía Portete, dijo que es importante constituir más escenarios de diálogo entre comunidades e inversionistas, y Mayerlis Angarita, del colectivo de Narrar para Vivir, pidió que el encuentro diera como resultado un compromiso específico de las empresas en esta materia.

Como en los anteriores encuentros de Reconciliación Colombia, surgieron conceptos como la importancia de recuperar la confianza de las comunidades en el Estado, la necesidad de dialogar entre sectores que se consideran diferentes, el hecho de que la reconciliación no está ligada al proceso de paz en La Habana y que el perdón es necesario, pero no es suficiente para lograr la reconciliación.

Conclusiones generales

  1. La reconciliación tiene dos dimensiones: individual y social.
  2. La confianza es eje central de la reconciliación.
  3. Los actos son importantes para construir confianza.
  4. La educación juega un papel fundamental.
  5. La reconciliación es en los territorios y con los territorios.
  6. Implica hablar de memoria, de verdad y de reparación.
  7. La reconciliación pasa por el diálogo entre los diferentes sectores.
  8. La institucionalidad sigue teniendo una gran responsabilidad.
  9. Se debe trabajar en una institucionalidad para la paz.
  10. Los jóvenes no pueden verse como problema, sino como solución.
  11. Es hora de decirles a los empresarios que la acción más inteligente es apostarle a la reconciliación.
  12. No debe esperarse al fin del conflicto para trabajar la reconciliación.