Enrique Santos

Enrique Santos / Foto: Wilson Center

¿Es el momento indicado?

“El presidente Santos tiene razones subjetivas y objetivas para creer que este es el momento para alcanzar la paz. Las primeras tienen que ver con cuál sería su papel histórico en esta coyuntura, con la necesidad de lograr un acuerdo que ponga fin al desangre que ha sufrido Colombia en los últimos 50 años y con su deseo de tener un perfil político propio, de marcar diferencias con el gobierno anterior en política social, en política interna y sobre todo, en política internacional. Y tiene que ver con que cada presidente quiere ser el capitán de su equipo, jugar a su manera y con su estilo.

Entre las razones objetivas, que son las verdaderamente importantes, está que ha habido un cambio drástico en la correlación de fuerzas en lo militar y en lo político, con relación a las FARC. La situación no tiene nada que ver con la de hace 10 años cuando se dieron los diálogos del Caguán. Las FARC han sufrido golpes contundentes y sucesivos. A esto se suma la recuperación de la imagen internacional de Colombia, de su imagen en derechos humanos, y paralelamente, el descrédito político y el aislamiento absoluto que ha sufrido las FARC ante la opinión pública nacional e internacional.

Otra razón es el entorno, regional e internacional, favorable a una negociación para ponerle fin a un conflicto que hoy en el mundo es anacrónico. Ese entorno actúa con presión para que las FARC abandonen la lucha armada como una forma de hacer política. Este momento también coincide con que Santos rompe con el aislamiento diplomático en el que se encontraba Colombia y juega mucho a su favor el acercamiento con Chávez y la colaboración muy activa que ha desplegado Venezuela en este propósito”.

Los riesgos políticos

“El primer riesgo es el clima de opinión hostil que existe en Colombia frente a las FARC. La actitud pública podría parecer contradictoria pero persiste en todas la encuestas que una mayoría amplia, más del 70 por ciento, se manifiesta a favor del proceso de paz, y simultáneamente, esa misma mayoría desconfía de las FARC. No creen en una organización que sistemáticamente le ha mentido al país y ha cometido todas las violaciones a los derechos humanos. El segundo riesgo es la oposición declarada del ex presidente Uribe a los diálogos de La Habana. Es tanto, que está conformando un movimiento político y armando listas para el Senado. Y uno de sus principales caballos de batalla para congregar seguidores es oponerse a la negociación con el terrorismo.

Otro de los grandes riesgos es el ritmo de las negociaciones. Esa agenda tiene que moverse más. Llevamos cinco meses y no se ha empezado a profundizar en el primer punto del tema agrario. Si esta agenda no se mueve más, la sensación de que este proceso es algo distinto se va a evaporar. La opinión puede pasar de la indiferencia a la hostilidad. No se trata de ponerle plazos fatales a una negociación tan complicada, pero sí es clave que proyecte un ritmo más convincente. Incluso yo he dicho que si para Semana Santa el tema agrario no se ha movido, el mensaje para los colombianos y la comunidad internacional será negativo. Al país se le puede agotar la paciencia y al gobierno también.

Otros riesgos son los tiempos jurídicos y electorales que giran en torno a la negociación. Una ruta crítica para este acuerdo es la justicia transicional que requiere de una ley estatutaria, que se demora por lo menos un año en el Congreso. Y con respecto a las elecciones, Juan Manuel ha sido claro en decir que no hay que confundir la reelección con el proceso de paz, pero a mi manera de ver, están inexorablemente conminadas. Hay que preguntarse: ¿si no hay reelección habrá proceso? Con Uribe lo veo muy difícil. Con una persona como Germán Vargas habría que preguntarse si está tan políticamente jugado con el proceso de paz, como Santos. Esto también debería preocupar a las FARC.

Los riesgos militares también son muy grandes. El temor es que cumplida la tregua unilateral y ante la negativa del Gobierno al cese del fuego bilateral, cometan acciones que aborten definitivamente el proceso. Hoy hay incertidumbre sobre qué tipos de acciones harán las FARC para demostrar que están militarmente activos. Una esperanza es que se pueda producir un gradual y lento desescalamiento del conflicto, pero eso puede ocurrir en la medida en que la agenda avance”.

¿Hay progresos en La Habana?

“Pese a la lentitud del proceso, hay un significativo cambio de tono desde la reunión en Oslo que cayó como un baldado de agua fría por ese discurso tan agresivo de Iván Márquez. Desde ese momento se volvió a retomar un tomo más positivo. Hoy en la discusión del tema agrario ya se habla de aproximaciones. Las FARC parecen más conscientes de la necesidad de avanzar con más precisión. Otra cosa positiva es que por primera vez en un proceso de paz en Colombia, las Fuerzas Militares parecen consientes de la necesidad de apoyarlo. Hoy hay una actitud de expectativa positiva más que negativa. Además, en lo agrario ya se vislumbran posibles escenarios donde las FARC pueden participar política y socialmente en sus zonas históricas de influencia. A ellos los entusiasma poder hacer eso, aunque con el inmenso temor que tienen sobre las garantías de seguridad física y jurídica”.

Retos para implementar el acuerdo final

“Retos enormes.

  1. Orden público. Garantizarle a los guerrilleros desmovilizados, el cumplimento de los acuerdos pactados.
  2. La Fiscalía. Tiene que demostrar ser mucho más eficiente y rápida de lo que ha sido.
  3. Verificación del cese al fuego bilateral y definitivo. Habrá que estructurar unos equipos nacionales e internacionales de toda índole.
  4. El reto mayor es tener una política de Estado, que sea coherente, eficaz, enérgica, en función del cumplimiento de los acuerdos. Tiene que volverse un tema prioritario para la agenda del gobierno y la Fuerza Pública debe estar dedicada a hacer respetar esos acuerdos.
  5. Prever y anticipar el efecto muy corrosivo que puede tener el narcotráfico y las bandas criminales sobre la implementación de los acuerdos. El Gobierno debe estar preparado para eso.
  6. Ofrecer resultados en restitución, reparación y consolidación en las zonas afectadas”.

Marta Ruiz / Foto: Wilson Center

Marta Ruiz

Lo que ha cambiado

“Para empezar el escenario estratégico ha cambiado. Mucho se dice que como la guerra está en una proporción 1 a 1, en relación con las bajas de los bandos enfrentados, hay un empate. En promedio 2 mil bajas para cada bando y que por eso se negocia. Yo no creo que esto sea cierto. Las FARC han perdido presencia en gran parte del territorio y capacidad de acción, que son sobretodo acciones defensivas en los últimos años. Como todos sabemos el Plan Colombia modernizó a las Fuerzas Armadas en muchos aspectos y les dio una ventaja definitiva. Y el Plan Patriota recupero el territorio, especialmente su retaguardia estratégica. La respuesta de las FARC fue convertir a los países vecinos en una retaguardia política y logística. Eso les dio vigencia, les dio aire. Ese soporte que tuvieron de países como Venezuela y Ecuador, sirvió para que las FARC no avanzaran a un proceso de criminalización, a partir de su vínculo con el narcotráfico. Mantuvo ese arraigo en lo ideológico y político. Obviamente la nada aplaudible operación contra Raúl Reyes en Ecuador, en 2008, rompió esa dinámica. Uribe y Santos le mandaron un mensaje a Chávez y yo creo que a pesar de lo violento, cambió realmente, a largo plazo, la situación. Hoy, yo creo que Chávez es un aliado para la paz y no para la guerra. Un factor clave de porqué hoy se está dando la negociación.

Los golpes al Secretariado, que lo acabaron en dos o tres años, rompieron el mito. Yo creo que esa parte simbólica también tiene mucho peso. Es importante para todas las partes, pero sobre todo para las FARC porque las puso de cara a la negociación y modificó también su agenda. 2008 es importante: hubo una marcha multitudinaria contra el secuestro, murió Manuel Marulanda Vélez y se dio la Operación Jaque. En ese año se llegó a un punto de inflexión real del conflicto en Colombia. Y ese es el segundo factor por el cual las FARC están en la mesa: el secuestro. No solo porque fue un arma contra la sociedad sino contra sí mismo. Las FARC se auto infligieron una derrota política con el secuestro. Anunciar que lo abandonan, por lo menos es el extorsivo, es un mensaje de que no están viendo un horizonte de largo plazo en la guerra.

Otro factor que favorece este momento es la desmovilización de las AUC, porque reveló la penetración del paramilitarismo en el Estado colombiano. Puso en cuestión buena parte de su legitimidad. Lo que dejó ver la parapolítica es que una parte de la élite estaba apostando duro por la guerra sucia. Y también generó, sobretodo de otra parte de las élites, que se separaran de esta visión y reconocieran que hay un profundo problema agrario y que se necesita fortalecer la democracia y las instituciones, que fortalecer el Estado no solo es un asunto militar sino que estamos, en muchos territorios, dos siglos atrás. Esa era arcaica la representa Uribe y Santos intenta caminar en el otro sentido.

Las FARC, al parecer, entendieron que hay una fractura muy importante en las élites colombianas algo que no existía hace muchas décadas. Y ellos, seguramente en el pasado, no podían salir a la vida civil a ser aplastados políticamente. Yo creo que hay un cambio estratégico en el escenario político. Yo espero que el presidente Santos también lo entienda así y se la juegue en las urnas a derrotar ese sector de la extrema derecha porque lo que está en juego no es el futuro de las FARC ni de la reelección de Santos, sino del país, la posibilidad de dar un salto para dejar atrás el siglo XX, que ha sido tan duro para nosotros y entrar al nuevo siglo con una nueva dinámica”.

¿Qué tan jugadas están las FARC con este proceso?

“Con las FARC nunca se sabe pero hay indicios interesantes. 1. Han mantenido las conversaciones a pesar de la ofensiva militar. Las FARC se sometieron a una fase exploratoria secreta y en el exterior. Esto es importante porque las FARC durante todo el periodo de Uribe insistieron en un despeje para entregar unos secuestrados y nunca se logró. Ahora el despeje dejó de ser un tema y eso es muy importante. Creo que ese es uno de los elementos por los que el gobierno se niega, por ahora, a hacer un cese bilateral del fuego. Ahora, la agenda es muy realista. El único punto doctrinario es el de la tierra, el resto son puntos que atañen a la entrega de armas y garantías políticas. Si se observa la agenda no incluye cambios estructurales. La reforma agraria que proponen no va más allá de lo que ha dicho la academia y los organismos internacionales. Esto revela que se han liberado de la agenda agraria de Marquetalia. Ahora los que están en la mesa negociando hacen parte de una generación que ya no está tan aferrada a Marquetalia, si es una generación de ‘farianos’ traumatizada por la falta de espacios políticos que causó la violencia política. Y ese creo yo es el punt3. Lo crucial en este momento en la agenda: las garantías políticas”.

¿Qué es lo crucial para las FARC?

“Haber empezado por la tierra fue inteligente porque si este punto se cierra pronto con algún nivel de acuerdo estoy segura que el gobierno se la juega más a fondo en la opinión para buscar un respaldo que hasta ahora es esquivo para esta negociación. esa sería la muestra de confianza que el país está necesitando, pero lo que sigue en la agenda es muy pero muy difícil. ¿Qué se les puede garantizar hoy con relación a lo político? Yo creería que no mucho. La guerra sucia continúa siendo una amenaza. Santos ha dicho que no negocia con las FARC la doctrina militar, yo digo que eson oes un asunto de las FARC sino un asunto del país. La pregunta es que si con las fuerzas armadas que tenemos vamos a construir la paz actualmente. Han cambiado, muchísimo, pero no lo suficiente. En la agenda hay un punto que se llama verdad".


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