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El pasado 18 de febrero, durante el conversatorio “Diálogos sobre seguridad ciudadana”, se socializaron las conclusiones del informe realizado por el Observatorio de Seguridad Ciudadana de Barranquilla y la Fundación Ideas para la Paz sobre la situación de seguridad de la ciudad. El evento contó con la participación de nuestra Directora, María Victoria Llorente, así como de Janiel Melamed Visbal, investigador de la Universidad del Norte y director del Observatorio, y Alberto Sánchez Galeano, asesor en políticas públicas.

El informe revela que en 2020 hubo menos delitos, pero que estos resultaron más violentos al incrementarse el uso de armas de fuego. También aumentaron los homicidios, el terrorismo y la violencia intrafamiliar. "Aunque se sabe que el Plan de Desarrollo “Soy Barranquilla (2020-2023)” estableció siete metas para mejorar las condiciones de seguridad ciudadana, las cifras del 2020 apuntan a que no será fácil revertir las tendencias actuales para poder cumplirlas", dice el informe.

¿Qué dice la FIP?

Para la Fundación es importante tener en cuenta que, según los datos, Barranquilla fue la única ciudad del país donde los homicidios no bajaron y en la que el uso de armas de fuego aumentó. En la capital del Atlántico los homicidios aumentaron 8% de 2019 a 2020, mientras que ese porcentaje bajó en Cali, Bogotá, Bucaramanga y Medellín.

Para este análisis, la FIP recalcó que se habría perdido la comparabilidad entre las encuestas de los “Cómo Vamos”, pues los datos del 2020 se obtuvieron a partir de estrategias de diligenciamiento digital que no garantizan una muestra probabilística y comparable con años anteriores. Esto lleva a que las cifras en materia de percepción y de victimización no sean comprables con otros años. “Se pasó de tener una encuesta probabilística, que hablaba de las condiciones de la ciudad, a una encuesta virtual sin ninguna confianza estadística, lo que reduce las posibilidades de comprender lo que sucede”, alertó Llorente.

De igual manera, la FIP hizo énfasis en que hay un problema de política pública que no es exclusivo de Barranquilla, sino una condición general de las ciudades: la visión sobre las problemáticas de seguridad no solo continúan girando en torno la misma descripción de los problemas, sino que “están atrapadas en las estrategias de aumento de pie de fuerza, cámaras de video vigilancia y demás elementos tecnológicos. Es necesario hacer una reflexión sobre las estrategias que estamos desarrollando en torno a la vigilancia y la investigación judicial”.

Preocupa que el uso de armas de fuego en Barranquilla es 10 puntos porcentuales mayor al registrado en los últimos años, lo que indica que la ciudad está en el mismo nivel que hace una década. Para la FIP, “el uso de estas armas puede estar asociado a una criminalidad organizada en la ciudad”.

Otro problema que se discutió durante la presentación del informe fue la falta de confianza hacia las autoridades. De acuerdo con los trabajos cualitativos de la FIP, “comerciantes y empresarios aseguran que no reciben una respuesta efectiva por parte de las autoridades, tienen que invertir para apoyarlas —particularmente a la Policía— y articularse en redes de apoyo sin recibir respuestas definitivas”. También hay temor a la hora de instaurar denuncias y desconocimiento de cuáles son los grupos que cometen las extorsiones en la ciudad.

Por último, la FIP insiste en que “hay que tener cuidado de estigmatizar a la población venezolana como responsables de las condiciones de inseguridad de las ciudades”. Advierte que es necesario desarrollar estrategias contra la xenofobia y la discriminación, y que tanto medios de comunicación como funcionarios públicos deben dejar de culpar a la migración por el fenómeno delictivo.

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