Esta entrevista se publicó el 15 de febrero de 2021 en El Tiempo. En esta nota la transcribimos en su totalidad.

MIR: Parecemos en una sin salida. Los negociadores del ELN se tuvieron que quedar en La Habana y el Gobierno no tiene caminos nuevos para llegar a ellos…

MVLL: No es la primera vez que fracasa una negociación con el ELN. Se han frustrado por lo menos seis anteriores.

MIR: Pero, según los recientes estudios de la FIP, ¿qué ha salido de la estrategia del Gobierno con el ELN de no negociar hasta que no suelten hasta el último de sus secuestrados?

MVLL: En el pasado, en otros intentos de diálogo, el país ha tenido la misma postura de que para poder negociar con un actor armado hay que esperar a que deje de delinquir. Pero eso, más que una negociación, es un requerimiento de entrega.

MIR: Es que, entendiblemente, la estrategia se endureció a raíz del sangriento atentado contra la Escuela de Cadetes de la Policía…

MVLL: Uno entiende la postura del Gobierno, sobre todo a partir de esos hechos dolorosísimos de hace dos años. Sin embargo, si eso no está acompañado de una estrategia militar verdaderamente poderosa, se queda uno en el aire y se vuelve insustancial, porque nos deja en una sin salida.

MIR: ¿Cuál ha sido el común denominador de todos esos fracasos con el ELN?

MVLL: Un desencuentro muy grande frente a la concepción sobre una eventual negociación y diálogo con el ELN, no solamente de este gobierno, sino de la sociedad en general. Se entienden el diálogo y la negociación como unos procesos que llevan a algo, mientras que para el ELN la negociación y el diálogo social son un continuo. Es el “diálogo nacional” que siempre han querido, y a medida que este transcurre, ver si se van dando las condiciones para el desarme. A cualquiera que sea el jefe de Estado le cuesta muchísimo trabajo encaminar un diálogo por ahí. Pero es una responsabilidad del Estado, que ya la asumió en el pasado frente a las FARC, la de definir una estrategia que, al final del día, logre encaminar al diálogo, con la posibilidad de que se desmovilicen y dejen las armas. Sobre todo cuando no existe la claridad estratégica de cómo enfrentarlos únicamente desde el punto de vista militar.

MIR: O sea, ¿usted cree que no ha sido acertada la estrategia militar que se está aplicando contra el ELN?

MVLL: Tenemos esta idea de ver al ELN como una organización compacta con la que podemos negociar, al igual que como negociamos con las FARC. Pero aquí la lógica territorial es muy distinta. Si uno mira cuáles son los frentes de guerra que han sido más afectados desde el accionar del Estado, observa que son los que pueden hacer más bulla, pero no necesariamente los más poderosos. Los que menos han sido tocados por la estrategia militar son los frentes de guerra que están en Arauca y Norte de Santander.

MIR: Y está el problema de su estructura. ¿Quién manda de verdad en el ELN? Porque el embajador cubano transmite unas amenazas contra Bogotá, que los jefes guerrilleros en La Habana aseguran primero no conocer y después que no existen y que son un montaje de la inteligencia colombiana… ¿Los de La Habana son unos interlocutores sin dominio pleno sobre sus frentes?

MVLL: Es bien posible que eso esté sucediendo. Por eso planteo el tema de la estructura propia del ELN y de la degradación del conflicto. Sus estructuras están cada vez más involucradas y son más dependientes de economías criminales, y se vuelve más difícil diferenciar lo puramente criminal de lo ideológico.

MIR: Las FARC estaban más jerarquizadas. El ELN está atomizado y su comandancia reconoce que el narcotráfico les está haciendo mucho daño y causando fuertes divisiones internas…

MVLL: Sin duda. El proceso de degradación se vuelve cada vez más agudo, es el riesgo de prolongar una situación de conflicto, porque le da energía a la confrontación, le da recursos e incentiva que se sigan movilizando combatientes, mientras se van perdiendo las raíces más ideológicas del movimiento. Si uno mira al mismo alias Uriel, dado de baja el año pasado y cuyos computadores están produciendo mucha información, pues Uriel es un personaje bastante sui generis, ¿no? Es como la personificación de la cultura de este tipo de comandantes que, en realidad, desde el punto de vista de liderazgo dentro de la organización no son verdaderamente fundamentales, pero se vuelven desafíos grandes desde el punto de vista territorial. Sus estructuras están cada vez más involucradas y son más dependientes de economías criminales, y se vuelve más difícil diferenciar lo puramente criminal de lo ideológico.

MIR: ¿Cuál debería ser entonces la estrategia?

MVLL: Habría que responder cuáles son los resultados frente a las estructuras del ELN que operan en Arauca y Catatumbo. Con las FARC, el Estado colombiano tuvo un aprendizaje fundamental, y es que entendió muy bien cuál era la retaguardia y donde había que presionar para debilitarlos estratégicamente. Creo que eso no lo hemos entendido todavía con el ELN, una organización a la que entendemos muy poco. No hay que mitificarla, pero mientras nos dedicamos en los últimos años a entender a las FARC, no hemos puesto el mismo esfuerzo a entender el fenómeno del ELN. Ahí es donde nos falta verdaderamente identificar cuál es el punto de inflexión, dónde es que verdaderamente estamos dando los golpes que son estratégicos para debilitar esas estructuras, o cuáles aquellas con las que al final se puede negociar o no.

MIR: Si unos jefes no conocen los planes terroristas de sus tropas, tienen dos caminos: o desautorizar lo que planean, según denuncia de un gobierno extranjero como Cuba, o repudiarlas. Ninguna de esas dos cosas ha pasado con los jefes del COCE en La Habana…

MVLL: Entendiendo la dificultad de este gobierno en cumplir con el protocolo que se acordó con el ELN para un eventual rompimiento de las negociaciones, ahí la pregunta que uno se hace es: ¿haberlos mantenido aislados en La Habana ha sido peor o mejor?

MIR: ¿Y cuál es la respuesta?

MVLL: No hay respuestas categóricas. Creo que lo que sabemos del ELN es infinitamente menor a lo que sabíamos de las FARC. Hace falta escalarlo a un nivel más táctico para verdaderamente cerrar la brecha entre la estrategia y los resultados que estamos teniendo. Pero haberlos mantenido aislados en Cuba también dificulta su comandancia sobre sus estructuras. Eso también tiene tanto de largo como de ancho.

MIR: ¿La alerta del embajador cubano sobre posible terrorismo del ELN en Bogotá no obliga a los cubanos a reflexionar sobre su hospitalidad con los elenos?

MVLL: Desde el punto de vista de lo que se acordó y del rol que tenía Cuba como país anfitrión, no creo que esa sea realmente una postura posible. Pero hay otro nuevo escenario que no se puede perder de vista. El del cambio de gobierno de Estados Unidos, en contraste con la apuesta estratégica de Cuba, que sería volver al camino que se interrumpió con la llegada de Trump, frente a su relacionamiento con el Gobierno norteamericano y con el mundo.

MIR: En esa dirección, y en vista de que la isla fue incluida recientemente en la lista de países que apoyan el terrorismo, ¿no es contradictorio que Cuba sirva de razonera de eventuales ataques terroristas?

MVLL: Pero sus jefes lo niegan…

MIR: ¿Podría esperarse que si son jefes, paren las amenazas terroristas?

MVLL: Nuevamente eso nos lleva a la unidad de esta organización y a cómo tratarla como una estructura federada, con una configuración muy distinta, dependiendo del territorio donde esté. Y a los lazos y al tipo de representación social que tienen en cada territorio. La pregunta que vuelvo a hacer es: ¿dónde se está hoy en día proyectando ese eje de fortaleza del ELN? Y la respuesta es, básicamente, en sus sitios históricos, como Arauca y Norte de Santander. Desde ahí se debería empezar a pensar cuál es la estrategia que conecta todo y que permitiría controlar a esta organización de alguna manera. No estamos llenando el escenario. Hay muchos pronunciamientos que, francamente, parecen más para la tribuna.

MIR: Está el factor Venezuela. ¿Ahí no hay como uno de esos ejes que podría conectar muchas cosas con el ELN?

MVLL: Sin duda, uno de los desafíos mayores, desde el punto de vista militar o de negociación con el ELN, es Venezuela. Toda su retaguardia fuerte está asentada en la frontera con Venezuela, cuando hablamos de Arauca y Catatumbo. Ahí hay verdaderamente un desafío mayor. Que requiere, además, buscar una estrategia internacional, que creo no hemos encontrado. El asunto de Venezuela se nos enredó bastante, y no podemos olvidar que ese fue uno de los factores que posibilitaron la negociación con las FARC. Para Chávez dejó de ser importante tener un actor armado en su territorio. Era más importante para él que los gobiernos de izquierda estuvieran ascendiendo en América Latina por la vía democrática, y en ese escenario, las FARC se le volvían un problema. Sin duda, uno de los desafíos mayores, desde el punto de vista militar o de negociación con el ELN, es Venezuela.

MIR: ¿No cree que puede estar pasando el mismo encarte de las FARC en Venezuela con el ELN en Cuba? Se les está volviendo un problema internacional. ¿Se le está volviendo el ELN a Cuba una piedra en el zapato?

MVLL: Creo que sí. Es un encarte. Pero tampoco veo a Cuba entregando la comandancia del ELN al Gobierno colombiano. Sería como romper unas reglas de garantías internacionales alrededor de este tipo de procesos. Pero sí, por supuesto, en ese sentido es un encarte.

MIR: ¿Por qué Cuba se niega a contarnos todo? ¿Cómo obtuvo esa información y qué es lo que el ELN planea contra Bogotá?

MVLL: Parte de la guerra es toda esta información y desinformación. La pregunta inmediata es qué es lo que puede ser importante para el ELN de cara al escenario político preelectoral en Colombia. ¿Cómo ser relevantes en él?

MIR: ¿Qué significa ser relevantes?

MVLL: Para el ELN, la política y las armas han sido dos caras de una misma moneda. Obviamente esto desde el punto de vista ético y moral es absolutamente despreciable.

MIR: ¿Será que con el ELN estamos echando para atrás, retrocediendo, en lugar de andar para adelante?

MVLL: Que el ELN continúe siendo una amenaza como lo es hoy en día es un problema de Colombia, no del ELN. Conclusión: tenemos que entender mucho más este fenómeno desde sus particularidades regionales, no unificarlo como para pretender que el señor Pablo Beltrán gobierna sobre todo esto. Y lograr identificar cuál es el camino estratégico para enfrentar este desafío tan grande para Colombia y sobre el que creo que sí estamos yendo para atrás.

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