Esta columna de opinión se publicó el 08 de mayo de 2018 en Las 2 Orillas

Pareciera que el interés por la educación fuera sólo un asunto de discursos. Eso va en contravía de lo que los colombianos queremos, pues en la última “Gran Encuesta Presidenciales 2018” (realizada por INVAMER para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA, en marzo), la calidad y cobertura en educación fue considerado como el cuarto tema más relevante para el próximo presidente.

Las ligerezas van más allá de la inasistencia a los debates. En efecto, los programas carecen de propuestas concretas y están llenos de lugares comunes. En general, los cinco candidatos plantean un interés global por mejorar la calidad educativa y hacen un claro énfasis en la educación terciaria gratuita. Algunos subrayan el fortalecimiento a los docentes y otros el mejoramiento de la infraestructura. Poca novedad. Pocas rutas concretas.

Dada la magnitud del reto educativo, resulta imposible incluir la multiplicidad de contextos del país en una única propuesta educativa. Sin embargo, quiero plantear 5 ideas que son necesarias para mejorar la calidad de la educación en Colombia:

1. No hagan borrón y cuenta nueva. La educación debe entenderse como un proceso de largo aliento, que parte de la visión del país que queremos y se traduce en una política de Estado, más que de un plan de gobierno. Es necesario realizar una valoración genuina de lo que ha ocurrido en la educación en los últimos años, e identificar lo que ha funcionado y lo que no.

Esto significa preguntarle a la comunidad educativa, y no sólo a expertos en el tema, qué programas y estrategias han funcionado en otros gobiernos. Hay que ahorrar esfuerzos y potenciar aprendizajes. No se pueden perder los esfuerzos realizados en el Programa “Todos a Aprender”, así como hay que recuperar el acompañamiento cercano que se realizaba a las Secretarías de Educación en el marco del ciclo de la gestión de la calidad educativa, los Programas Transversales y el Programa de Competencias Ciudadanas como apuesta para la formación, los esfuerzos sobre Educación Inclusiva y Educación Rural. Reflexiones valiosas se encuentran en el estudio “Tras la excelencia docente”, de la Fundación Compartir (2014).

2. La educación debe ser una prioridad. Hay que pasar del discurso a la acción; para ello, son necesarias dos decisiones. Primero, mayor presupuesto. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Colombia invierte US$3.245 por estudiante, mientras el promedio de inversión en los países que componen el grupo es de US$10.182. Eso revela que somos el país de Latinoamérica que menos invierte en educación.

Lo segundo es nombrar como Ministro o Ministra de Educación a alguien que conozca el sector, que haya trabajado en educación, que tenga la vocación que se requiere para entenderlo y buscar la manera de tender puentes de diálogo entre la comunidad educativa.

3. Transformación curricular. Llegó el momento de revisar la apuesta que tiene el sector educativo en materia de currículo y, sobre todo, ajustar los estándares que desde hace más de una década han marcado la pauta. Es necesario que el sector, de manera participativa, contando con el liderazgo del Ministerio y las Secretarías de Educación, analice los nuevos retos que tiene la educación en Colombia e identifique los aciertos y oportunidades de mejoramiento que tiene la autonomía institucional en materia curricular. Esto tiene que ver con el tipo de ciudadanía que se quiere formar, y con decidir si optamos por múltiples currículos atados al contexto o si es pertinente construir un único currículo para los retos del conjunto de la nación.

4. No olvidarse de los olvidados. Hay temas que son esenciales para la comunidad global: la educación inclusiva y la educación rural. Sobre la primera, es necesario que se entienda más allá de la educación para las personas con necesidades educativas especiales, y se enfoque en brindar herramientas y oportunidades a todos los estudiantes para desarrollar sus capacidades a partir de sus potencialidades.

Sobre la segunda, según el Ministerio de Educación Nacional (2017), el 62 % de los jóvenes de las zonas rurales no se matriculan en la educación media, y en 2016 tan sólo el 1% de las matrículas universitarias provenían del campo. Por otro lado, el analfabetismo en la población rural dispersa mayor de 15 años es del 12,5 %, (en comparación al 3,3% del promedio nacional). La tasa de permanencia en el sistema educativo en las zonas rurales de del 48%, cifra menor al 82 % en las zonas urbanas.

Lo anterior se evidencia cuando se visitan las escuelas rurales, donde hay falencias estructurales en la infraestructura básica, la alimentación, el transporte escolar, los materiales y la planta docente. Por eso es necesario pensar muy seriamente en la educación rural del país y lograr acciones concretas que aporten a mejorar su calidad. Sin este ingrediente, la paz es imposible.

5. Formación, formación, formación: los maestros son fundamentales para los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por eso, todos los esfuerzos que se realicen para fortalecerlos son fundamentales. En ese sentido, es necesario garantizar las condiciones necesarias para tener maestros con vocación en las aulas y en las vidas de los estudiantes.

Hay que unificar el régimen docente para que todos tengan las mismas condiciones. Es necesario revisar la posibilidad de que personas que no han sido formadas como docentes puedan serlo, pues si bien este trabajo necesita vocación, también requiere de un conocimiento pedagógico-didáctico. Es fundamental generar comunidades de aprendizaje entre los maestros y muy importante apostarle a la formación docente inicial, haciendo énfasis en el desarrollo de sus propias competencias ciudadanas, la innovación pedagógica y la gestión de aula. Y, finalmente, es importante lograr un proceso de evaluación formativa para los maestros.

Como ya lo dijo McKinsey en su estudio sobre las “Claves para un sistema educativo excelente” (2008), para lograr la calidad de la educación es necesario tener una infraestructura adecuada, materiales educativos pertinentes, claridad curricular y maestros formados. Pues en la educación, como en la paz, no sólo importa qué es lo que se hace sino también cómo se hace. Y ningún fin justifica a los medios. Una máxima que parecemos olvidar con mucha frecuencia, más aún en tiempo electoral.