Los siete Principios para el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres, Pacto Global 2011), ofrecen unos lineamientos voluntarios destinados a ayudar al sector privado a promover la igualdad de género en sus organizaciones, el mercado y las comunidades vecinas. El principio 6 se refiere al compromiso con la igualdad en estas comunidades, instando a las empresas a “garantizar la suficiente representación de las mujeres en cualquier mecanismo de consulta comunitaria”. La Agenda de trabajo Empresas, empoderamiento económico de las mujeres y construcción de paz de la FIP y ONU Mujeres Colombia (2017), retoma este principio y lo alimenta con algunas reflexiones sobre los retos y oportunidades, así como propuestas para la acción, y tiene en cuenta la importancia de la plena participación ciudadana, democrática y comunitaria de las mujeres para lograr una paz sostenible.

Lograr la participación representativa y activa de las mujeres en las comunidades no siempre es posible. Como lo han mostrado experiencias de participación comunitaria en procesos de concertación y decisión documentadas por la FIP y otras organizaciones, a veces se requieren esfuerzos adicionales para garantizar que las mujeres lleguen a los espacios de diálogo con comunidades, y participen de manera activa en ellos. A continuación incluimos algunas lecciones aprendidas para inspirar a las empresas en sus estrategias de relacionamiento con poblaciones y aportar a que los procesos de Consulta Previa y CLPI se desarrollen bajo criterios de representación y participación en igualdad de condiciones entre hombres y mujeres.

Retos: por qué las mujeres participan poco

En zonas rurales y regiones con condiciones socioeconómicas precarias o afectadas por el conflicto, los índices de participación de las mujeres en la democracia, así como en iniciativas comunitarias, suelen ser bajas. Cuando participan, su poder de decisión es limitado por cuenta de las percepciones tradicionales sobre los roles diferenciados de hombres y mujeres en la sociedad, en donde ellas han estado apartadas de puestos y espacios de protagonismo socioeconómico y político. A nivel práctico, se evidencia que las múltiples tareas del hogar, familiares y económicas, limitan el tiempo y la posibilidad de desplazamiento, e impiden su participación en iniciativas democráticas y comunitarias.

Otros factores que influyen son la falta de autonomía, empoderamiento y conocimiento de mujeres acerca de sus derechos o los canales de acceso a los espacios de concertación, en algunos contextos rurales y económicamente deprimidos. En otros escenarios, el analfabetismo es mayor entre mujeres que hombres, lo que supone una barrera importante para su participación activa cuando las metodologías en espacios de concertación suponen que los asistentes saben leer y escribir.

¿Cuáles son los beneficios de la plena participación de las mujeres?

Experiencias exitosas de posconflicto en el mundo tienen una relación directa con mayores niveles de capital social, participación comunitaria e inclusión de diversos grupos poblacionales —entre ellos las mujeres—, en la toma de decisiones relevantes.

En Colombia, conclusiones como las que ha producido la herramienta Sirirí —una metodología para medir la calidad y la eficacia de la participación ciudadana desarrollada por la FIP (2017)—, han mostrado que cuando las mujeres participan la calidad de sus aportes es notable.

El sector empresarial colombiano que hace presencia en territorios afectados por el conflicto armado dispone de diferentes medios para apoyar iniciativas en pro de su fortalecimiento, institucionalización y ampliación. La inclusión de las mujeres en espacios de diálogo sobre temas de interés prioritario para la empresa y su área de influencia, permite visibilizar las perspectivas innovadoras que ellas tienen sobre cómo abordar asuntos sociales, económicos y ambientales locales. De esta manera, favorece la creación de escenarios socioeconómicamente sostenibles y entornos de operación favorables para las empresas.

Incluir a las mujeres en los espacios de diálogo sobre proyectos comerciales y sociales con las comunidades, no solo enriquece las conversaciones y los acuerdos logrados, sino que puede ser una ayuda para lograr entornos más propensos a la prevención de conflictos entre actores y el logro de consensos.

Recomendaciones

¿Cómo puede su empresa lograr que las mujeres participen en los diálogos con comunidades, los procesos de Consulta Previa y CLPI, y que tengan un rol activo y de impacto en las conversaciones y decisiones? Algunos puntos a tener en cuenta en las diferentes fases del proceso de diálogo:

Planeación

Una buena planeación y convocatoria de la reunión de consulta es clave para lograr que las mujeres de la comunidad asistan. Entre otros:

  • Convocatoria – En la estrategia de comunicación para anunciar el espacio de la consulta, puede ayudar hacer la convocatoria desde un lenguaje incluyente, que involucre a ambos géneros, mencionando que este espacio es tanto para hombres como mujeres de la comunidad. Dependiendo del contexto, puede ser necesario usar canales de comunicación específicos para llegar a las mujeres; por ejemplo, no limitarse a una cartelera escrita en el centro del municipio, sino buscarlas en sus fincas y mediante la comunicación de voz a voz.
  • Riesgos y seguridad – Es importante que la reunión se haga en un lugar específico y con horarios seguros para las mujeres, teniendo en cuenta que en algunos contextos afectados por el conflicto, los riesgos pueden ser mayores para ellas. Se debe asegurar que las instalaciones, vías de acceso y los entornos cercanos de la reunión sean seguros para mujeres y hombres, y, dependiendo del contexto, evitar horarios nocturnos o facilitar el transporte hacia la reunión, sin costo o con uno asequible.
  • Tiempos y fechas – Se recomienda organizar las reuniones en fechas y horas que les convengan a las mujeres, teniendo en cuenta los horarios específicos que dedican a sus tareas productivas en contextos donde las tareas del cuidado y del hogar recaen en ellas. Se deben ajustar y limitar las horas y la duración de las reuniones.
  • Facilidades especiales – De acuerdo con el contexto y las barreras a la participación que la empresa haya identificado antes de organizar la Consulta, se pueden ofrecer otros servicios que faciliten la participación de las mujeres, como espacios donde una persona de confianza en la comunidad cuide a los niños u otros familiares dependientes.
  • Participación informada – Con respecto a la difusión de información previa para facilitar la participación de las asistentes, en ocasiones se requiere adaptar el formato de la información brindada. Por ejemplo, en aquellos contextos rurales donde las mujeres, por una doble carga de trabajo en la finca y el cuidado del hogar, tienen el tiempo muy limitado para revisar la documentación. En casos así se recomienda que el volumen y el lenguaje se adapten a la capacidad de entender y dirigir la información.
  • Número mínimo de mujeres – En el caso de trabajar con modalidades escritas u orales de preinscripción, se puede considerar un umbral mínimo de participación de hombres y mujeres, y definir, por ejemplo, que si no se logra la asistencia de un 30 por ciento de mujeres, tampoco se realiza la reunión y se busca un nuevo horario u otras medidas necesarias para garantizar su asistencia.

Implementación

Es recomendable que el moderador o la moderadora del espacio de diálogo tengan formación en metodologías pedagógicas y dinámicas de grupo con enfoque de género y sensibles a la comunicación intercultural. Algunos puntos para tener en cuenta:

  • Intervenciones y tiempos – Una moderación del espacio de consulta con enfoque en participación significativa de mujeres debe tener en cuenta que los tiempos de las intervenciones de hombres y mujeres sean iguales o similares (muchas veces el espacio que se les brinda para exponer sus ideas son más reducidos que a los hombres), o que, si ellas no se expresan o solo intervienen para hacer preguntas, el facilitador o la facilitadora explícitamente dé la palabra a las mujeres presentes invitándolas a compartir su opinión o propuesta.
  • Modalidades de discusión – Buscar modalidades para la discusión teniendo en cuenta que en ocasiones se registra cierta reserva o timidez en las mujeres a la hora de levantar la voz en plenarias grandes. Si en espacios menos numerosos se sienten más confiadas de hablar, se puede adaptar la dinámica de la reunión. Cabe anotar que facilitar una participación inclusiva y equitativa debe hacerse entre la variada población femenina presente; por ejemplo, entre mujeres que, por diferentes procedencias étnicas, tienen distintas costumbres con respecto a la vocería en espacios públicos, o entre mayores y jóvenes, o entre aquellas con diferentes niveles educativos.
  • Lenguaje incluyente – Es importante que quien modere la reunión esté atento al uso de lenguaje entre los participantes. Sobre todo en contextos dominados por patrones culturales patriarcales y machistas, pueden ser recurrentes comentarios o afirmaciones que le resten seriedad y cuestionen los contenidos o la pertinencia de los aportes de las mujeres presentes (“Usted mejor no opine, lo suyo son las cosas del hogar”; referencias a la belleza o la maternidad de la mujer que expone, sin que esto sea el tema del debate, etc.). Por esto, es clave prevenir y corregir este tipo de comentarios cuando ocurren, con el fin de crear un ambiente en donde tanto mujeres como hombres se sientan libres, con confianza para hacer sus aportes.
  • Analfabetismo – En muchos contextos rurales afectados por el conflicto, se encuentran personas con pocas o ninguna capacidad de lecto-escritura; a veces, las mujeres presentan mayores niveles de analfabetismo que los hombres de su comunidad. En estos casos, es recomendable adaptar las metodologías para recoger los aportes de todos y todas sin importar su habilidad de leer o escribir.
  • Temáticas para la discusión – Se recomienda prestar atención a la inclusión de temas que sean relevantes para hombres y mujeres, y el uso de metodologías que promuevan una incidencia igual en las temáticas. Por ejemplo, agendar aquellas que tengan en cuenta los riesgos e impactos que puedan tener las acciones de la empresa, u otros actores relevantes, sobre hombres y mujeres; o, también, lograr que en temas que tradicionalmente son considerados del terreno privilegiado de hombres —como el acceso a tierras—, cuenten con el aporte de las mujeres.

Seguimiento

Es importante lograr que, tanto en los espacios de diálogo entre empresas y comunidad como en los multi-actores, las mujeres asistan y participen de manera proactiva, y que sus aportes sean tenidos en cuenta:

  • Las opiniones y propuestas formuladas por las mujeres en la reunión deben incluirse no solo a manera de registro en las actas o memorias del evento, sino en los acuerdos suscritos u otros documentos con compromisos y acciones definidas entre la empresa y la comunidad.
  • Es importante que todas las inquietudes respecto a riesgos, impactos y oportunidades de las mujeres de la comunidad, se tengan en cuenta a la hora de planear e implementar las acciones concretas que se devengan de los acuerdos logrados.