Esta columna de opinión se publicó el 2 de febrero de 2018 en El Espectador

Arauca es el departamento más afectado por las acciones armadas del ELN después del fin del cese al fuego bilateral con ataques a la infraestructura petrolera y hostigamientos contra la fuerza pública. De acuerdo con el seguimiento de la FIP, desde el 9 de enero han protagonizado 20 acciones, es decir, el 46% de todas las registradas en el país.

En este departamento está el Frente de Guerra Oriental con el Frente Domingo Laín Sanz (DLS), una de las estructuras más fuertes de esa guerrilla en términos económicos y militares. En los últimos años, el Domingo Laín ha sido uno de los más activos militarmente, lo que se relaciona directamente con su oposición histórica a la política minero-energética. Esa férrea posición contra la explotación de hidrocarburos por parte de empresas multinacionales, le ha permitido fortalecer sus bases sociales bajo el supuesto de que respaldan la resistencia de las comunidades a la forma en que se explotan estos recursos.

Arauca sin FARC

Desde la desmovilización de las FARC, este departamento ha experimentado una reconfiguración territorial que ha llevado al ELN a copar espacios dejados por las FARC, retomando los procesos de tributación que tenía este grupo con comerciantes y empresarios. También ha venido ejerciendo violencia selectiva contra la población.

Este proceso está acompañado por la aplicación de normas de control social y de conducta, principalmente en las zonas donde había mayor presencia fariana. Igualmente, aumentó la presión contra líderes sociales y políticos afines a las FARC o contrarios a la política del ELN.

Otro punto importante es el fortalecimiento territorial con el objetivo de impedir la entrada de nuevos grupos armados. Esto ha venido sucediendo en el sur del departamento y zonas como Cravo Norte y Puerto Rondón, cercanos a Casanare y Vichada, pero también en la frontera con Venezuela, zona de interés estratégico desde hace décadas para el contrabando y tráfico de drogas. La FIP también ha recogido testimonios que hablan de la llegada de mandos provenientes de Venezuela, producto del cese bilateral al fuego. Estos mandos estarían endurecieron el control sobre la población y prohibiendo el trabajo político y los liderazgos afines a las FARC y, en general, la implementación del Acuerdo de Paz.

Si bien el cese bilateral alivió la tensión en la población frente a las acciones armadas del ELN, en especial contra la infraestructura petrolera, continuaron otras formas de violencia menos visibles, como la extorsión, los panfletos amenazantes, y los asesinatos selectivos y desapariciones –ya no en Colombia, sino en territorio venezolano o por medio personas encapuchadas y sin distintivos de la guerrilla para no ser identificados–.

Los diálogos no impiden la Resistencia Armada

Los análisis con respecto a la posición del Domingo Laín frente a los diálogos en Quito (en teoría la presencia de ‘Pablito’ en el Comando Central garantizaría la unidad de mando) tienen matices. Personas que conocen a esta guerrilla en Arauca coinciden en señalar el desacuerdo del Domingo Laín con los diálogos y su actitud expectante frente a los avances de las negociaciones y la implementación de los acuerdos con las FARC. No hay que olvidar que esta organización ha insistido en mantener la resistencia armada de forma paralela a la posibilidad de una salida negociada al conflicto.

De hecho, las acciones contra la población civil, como las amenazas y homicidios, pueden ser un reflejo del proceso de consolidación territorial o de su interés en asegurar las zonas en las que estaban las FARC. Durante los meses del cese al fuego, hubo denuncias sobre panfletos y amenazas de “limpieza social” por parte del ELN, advirtiendo posibles represalias una vez que terminara la tregua.

En el caso de las acciones armadas, el Frente de Guerra Oriental –y en general el ELN–, las justifican como una estrategia defensiva contra las acciones del Estado, “El Ejército estatal sitió y tendió prácticamente un cerco a los nuestros, aprovechando de manera perversa el cese, esto nos obligó a actuar como medida defensiva, porque en particular en Arauca los operativos fueron masivos”, dice un comunicado.

Las acciones armadas del ELN también pueden ser una forma de mostrar músculo para presionar unos términos diferentes frente a un nuevo cese, siempre recordando, así sea de manera limitada, lo que pueden hacer en Arauca.

De igual manera, llama la atención que las acciones de otros frentes se han reducido en comparación a las del Domingo Laín. Frente a esto, los análisis también varían, pero uno que guarda coherencia con los demás es que esta estructura estaría mostrando su malestar respecto a los diálogos en Quito y a la lenta implementación del proceso con las FARC. En este juego de respuestas se estaría evidenciando el desbalance en la correlación interna de fuerzas, en el que el Domingo Laín tiene como mostrarse más fuerte.

Ahora, no es claro si estas acciones en Arauca buscan posicionar una postura más radical dentro del ELN en Quito. Tampoco lo es si trata de enviar un mensaje sobre los efectos negativos de no avanzar rápidamente en un nuevo cese, lo que equivale a un uso político de estas medidas de alivio humanitario. Algo así como “nos podemos hacer pasito y avanzar en Quito o les prendemos el departamento”; así sea con acciones de bajo esfuerzo militar, pero que generan propaganda (lo que le encanta al ELN, calificada por algunos como una “guerrilla vedete”) y un alto rechazo en el país.

Así las cosas, sumado a lo ocurrido en Barranquilla, hoy más que nunca el camino hacia un quinto ciclo pende de un hilo con los consabidos riesgos de que los diálogos, de reanudarse, caigan en un pantano monotemático sobre cómo sería un nuevo cese… y a tan pocos meses de elecciones presidenciales.