La Agenda de Empresas, empoderamiento económico de las mujeres y construcción de paz, desarrollada por la FIP, plantea seis principios y uno de ellos se centra en la reconciliación y la construcción de nuevas narrativas. Las empresas deberían promover la reconciliación en el lugar de trabajo y su área de influencia como una oportunidad para el cambio así:

1. Con acciones al interior de la organización que presten especial atención a las mujeres: Estas acciones favorecen la construcción y reconstrucción de vínculos, así como la superación de estigmas y antagonismos que puede haber generado el conflicto entre los trabajadores. Hay que incluir mujeres desvinculadas del conflicto y mujeres afectadas directa o indirectamente por la violencia y cuyas experiencias han sido invisibilizadas.

¿Cómo hacerlo?

1. Adelantar acciones que involucren a todos los trabajadores –más allá de víctimas y excombatientes– y a mujeres que han sido afectadas por el conflicto. Esto incluye el fortalecimiento de capacidades para solucionar desacuerdos, sin polarizar ni estigmatizar, a través del diálogo respetuoso.

2. Promover actividades de acompañamiento personalizado y apoyo psicosocial para trabajadores desvinculados y afectados por el conflicto, incluidas las mujeres, que ayuden a superar traumas producto de experiencias violentas.

3. Crear espacios de diálogo y reconciliación entre diferentes grupos de trabajadores afectados por el conflicto o con relaciones históricamente conflictivas en los territorios, así como otras actividades, por ejemplo, de memoria histórica, que buscan visibilizar diferentes visiones y verdades acerca de la violencia vivida.

2. Con acciones en el área de influencia de la empresa y su cadena de valor, sensibles al papel de la mujer: La empresa contribuye a transformar relaciones y escenarios de conflicto y a promover la convivencia en su área de influencia y su cadena de valor, si se enfoca en las particularidades y necesidades de mujeres afectadas directa e indirectamente por el conflicto armado y otras formas de violencia.

¿Cómo hacerlo?

1. Apoyar grupos, organizaciones y redes de mujeres, así como líderes gestoras de iniciativas de diálogo y reconciliación entre grupos divididos. Este apoyo se puede materializar en inversión financiera, apoyo técnico, transferencia de conocimiento y donación de tiempo, entre otros.

2. Apoyar, desarrollar y participar en acciones de memoria histórica con relación al conflicto, dentro y desde la organización, con especial enfoque en las necesidades de mujeres afectadas. De manera complementaria incluir acciones de acompañamiento y de seguimiento, así como mecanismos de no repetición de nuevas conflictividades.

3. Promover la participación de las mujeres en procesos y espacios para la construcción de paz en lo local, por ejemplo, mesas de diálogo, grupos de trabajo y comités locales que trabajen en la resolución de conflictos. Se debe buscar la representación equitativa de diferentes grupos de mujeres, por ejemplo, mujeres víctimas de desplazamiento, mujeres cabeza de familia y mujeres pertenecientes a comunidades indígenas y afrocolombianas.

Todas estas acciones y la forma de llevarlas a cabo suponen diversos retos y oportunidades para las empresas. Existen empresas que han mantenido su operación de manera transparente en medio del conflicto armado, por tal razón, en la etapa de construcción de paz siguen teniendo un rol importante con las comunidades de su entorno y sus grupos de interés. Hay que recordar que las acciones alrededor de la reconciliación, involucran a todos los actores de la sociedad, incluidos aquellos que han sido históricamente antagónicos y excluidos de las dinámicas sociales, culturales y económicas.

Es bien conocido el rol que han asumido muchas mujeres en sus comunidades. El diálogo y la mediación como camino para la reconciliación ha sido liderado en muchos espacios por mujeres y sus organizaciones, sin embargo, es necesario que el sector empresarial apoye y fortalezca aún más estos procesos y fomente el reconocimiento y las acciones de las mujeres como actores económicos potenciales, capaces de contribuir a la generación de nuevas narrativas y mejores condiciones de vida de los territorios afectados por el conflicto.