Se suele asociar el aporte de las empresas a la construcción de paz principalmente con asuntos socioeconómicos como la generación de empleo, la inversión estratégica en zonas afectadas por el conflicto y los negocios inclusivos. También, con la gestión responsable en derechos humanos. Sin embargo, ese es sólo uno de los múltiples caminos que pueden tomar las empresas y otros actores del sector privado. La empresa, más allá de su naturaleza estrictamente económica, es un ciudadano corporativo cuyo accionar tiene impactos sociales, políticos y culturales. Por eso es un actor que puede contribuir a la transformación sociocultural frente al legado de tensiones, daños, heridas y desconfianza que la violencia armada ha dejado en el grueso de la sociedad.

Parte de esta transformación social y cultural se enmarca en los procesos de reconciliación que toda población necesita para evitar reproducir la violencia. Las empresas pueden y tienen la oportunidad de liderar este proceso a través de iniciativas que permitan la creación de nuevas narrativas, percepciones y maneras de relacionamiento entre diferentes actores que, debido al conflicto armado, han creado barreras, prejuicios y estereotipos sobre “el otro”. Lograr cambios a través de este tipo de procesos desde el sector empresarial puede contribuir a la no repetición y la consolidación del tejido social local y nacional.

La reconciliación y la convivencia responden a la necesidad de construir y reconstruir vínculos entre diferentes actores para transformar relaciones antagónicas en relaciones solidarias.

Se destacan las siguientes estrategias:

  • Construir y reconstruir vínculos entre diferentes grupos e individuos involucrados en conflictividades o afectados por ellas directa o indirectamente en el lugar de trabajo o en el área de influencia de la empresa.
  • Transformar percepciones, juicios y la capacidad de relacionarse pacíficamente con personas y grupos que hayan sido afectados por el conflicto armado en calidad de víctimas, victimarios o con quien se tengan diferencias ideológicas.
  • Acoger victimarios y víctimas, por ejemplo, en el lugar de trabajo.

La reconciliación y la convivencia responden a la necesidad de construir y reconstruir vínculos entre diferentes actores para transformar relaciones antagónicas en relaciones solidarias. Las empresas pueden apoyar iniciativas para aportar a la verdad y la no repetición, así como ejercicios de memoria histórica que permitan un diálogo entre actores polarizados o de improbables (Lederach, 1999). Este trabajo también requiere transformar las percepciones sobre el otro para generar nuevas ideas y experiencias compartidas. Se trata de entender la reconciliación como un proceso que, si bien involucra a víctimas y victimarios, le compete a todos los colombianos.