Esta columna se publicó el 14 de octubre en Colombia2020 del diario El Espectador.

Los hechos que ocurrieron la semana pasada en zona rural de Tumaco, volvieron a poner al puerto nariñense en la lupa de los medios y a improvisar a más de un burócrata sobre qué hacer para evitar que la implementación del Acuerdo de Paz en esta región del país no se quede en un anhelo. El asesinato de los seis campesinos, según el Gobierno nacional, o de siete, de acuerdo con el alcalde de Tumaco, y el hostigamiento a la comisión que intentaba llegar al lugar de los hechos por parte del ESMAD y de la Policía Antinarcóticos, aún están rodeados de muchas sombras y contradicciones.

En todo caso, lo ocurrido deja sobre la mesa muchos elementos que próximamente publicará la FIP en el segundo informe de monitoreo a la sustitución de cultivos. Destaco uno. En la zona es común oír: “las FARC no se fueron del todo, pues aquí quedaron muchos en las mismas”. Esto se traduce en cómo responder de manera efectiva al carácter cambiante del conflicto armado en la región, a su nexo cada vez más fluido con el crimen organizado, y a la rapidez con la que emergen, se consolidan, fragmentan y asocian viejas y nuevas expresiones criminales y delincuenciales. Esto también pasa por entender que la presencia de diferentes expresiones armadas no necesariamente es el factor más preocupante. Como lo hemos identificado, en unas regiones, unos grupos hacen “pedagogía pasiva” sobre la sustitución –advierten a las poblaciones sobre la gradualidad de la implementación, autorizan que los funcionarios hagan los talleres­–, mientras que en otras asumen una actitud de total oposición y abiertamente predatoria.

Por ejemplo, la franja que se extiende de oriente a occidente entre los ríos Mira y Mataje (frontera con Ecuador), hasta la zona de Terán y Cabo Manglares sobre el Pacífico, no ha dejado de ser un clúster de producción, procesamiento y distribución de cocaína hacia mercados internacionales. Esta franja también hace parte de una región más grande que comprende el pacífico ecuatoriano (Esmeraldas), el nariñense y el caucano. En el lado colombiano quedaron milicianos y redes de apoyo de la columna Daniel Aldana (DA) de las FARC, que hoy en día son disidencias. Al principio, se llamaron ‘Gente del Orden’ y luego pasaron a ser Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP), al mando de ‘David’, hermano del famoso ‘Don Y’. Dichos milicianos son una amenaza adicional en los ámbitos rurales y urbanos, pues hasta 2012 eran parte de Los Rastrojos y a pesar de haber sido derrotados y cooptados por las FARC, sus antiguas redes sociales y criminales no se perdieron y hoy están más activas que nunca.

Otro aspecto que preocupa aún más es el rol de narcotraficantes locales y emisarios de redes transnacionales -principalmente mexicanas- en la oposición a la estrategia de sustitución del gobierno y en forzar movilizaciones contra la erradicación forzada sobre unas comunidades más que sobre otras. En esta región se advierten fuertes conflictividades sociales entre campesinos, indígenas, colonos y población afro, más si se tiene en cuenta lo estipulado en el Acuerdo Final (punto 6.2.3.d; pág. 208) sobre el desarrollo de un programa de asentamiento, retorno, devolución y restitución de los territorios del Consejo Comunitario Alto Mira, entre otros.

El rol de estos narcos le apuntaría a presionar que dicho proceso no se dé. Estos estaban, en gran medida, regulados por las FARC y hoy están aupando a grupos como GUP y a las autodenominadas 'Guerrillas Unidas del Sur' o 'Frente Oliver Sinisterra', al mando de ‘Guacho’, para continuar con el negocio a cambio de seguridad.

Sobre ‘Guacho’ se ha dicho mucho: mientras que Iván Márquez niega que haya sido de las FARC, habitantes de la región aseguran haberlo visto en la zona veredal de La Variante (Tumaco), pero se habría salido a un sitio sobre el río Mira llamado Candelillas, para contrarrestar el comportamiento predatorio de las GUP sobre la población. Es importante mencionar que ‘Guacho’ reivindicó hace unos días su paso por las FARC y habría aprovechado a milicianos que nunca se enlistaron.

A esto se suman otros saboteadores armados, grupos guerrilleros, expresiones criminales más o menos consolidadas, organizadas o aún en formación e integradas por exmiembros de las FARC que se retiraron de las zonas veredales o por aquellos que nunca llegaron a estas. De esto me ocuparé en otra columna, aunque cabe señalar que esta habría sido una de las razones para que las FARC hayan decidido ubicar el Espacio Territorial de Capacitación de Policarpa en otro lugar, pues allí hay grupos como 'Las Vacas’ (antes del Frente 29), ‘Los de Sábalo’, ‘Los de Morocho’, ‘Los Cucarachos’ y ‘Los Lobos’.

Por el momento, resulta desconcertante que las acciones del gobierno frente a los hechos de la semana pasada sigan el consabido libreto: consejos de seguridad (acción reactiva sin resultados medibles); identificación de nuevos “objetivos de valor estratégico” (errónea forma de medir el éxito y concebir el desmonte de estos grupos); ofrecimiento de recompensas (perdiendo el foco en la banalidad de la noticia-espectáculo y sin pensar cómo afectar los eslabones más fuertes de la cadena); reuniones con organizaciones sociales y muchas promesas, muchas…

Queda por verse los resultados de las investigaciones que adelanten las autoridades competentes, que necesariamente tendrán que estar amparadas en un mecanismo de veeduría local, nacional e internacional. Sin embargo, ¿contarán con las garantías de seguridad para hacerlo, dados los oscuros intereses de varios sectores, legales e ilegales, contra la sustitución en el pacífico nariñense?

A propósito, un hecho que pasó desapercibido fue el relevo de más de un centenar de integrantes de la Policía a diferentes lugares del país. Esta medida, que al parecer no habría afectado a los de Policía Antinarcóticos, no ha sido bien recibida entre campesinos, comunidades indígenas de la zona, ni entre las autoridades locales y comunidad internacional, pues no es claro cómo en un momento tan sensible se toma esta decisión. Y más aún cuando es imperativo construir un relato coherente sobre lo que sucedió antes, durante y después del homicidio múltiple y del ataque contra la comisión verificadora. Quizá el relevo permanente que se requiere es el de los nefastos liderazgos que encabezan el sector Defensa y la Policía Nacional.