Este artículo se publicó el 30 de junio de 2017 en La Silla Vacía. Leer versión en inglés

Mientras que en los Estados Unidos se señala el boom de la coca en Colombia como una de las causas del aumento del consumo de cocaína, en Colombia se afirma que el alza en el número de hectáreas ha sido jalonada por el incremento en la demanda externa e interna. Recientemente, W. Brownfield, subsecretario para asuntos de narcotráfico, llegó a afirmar que habría una relación “simbiótica” entre la producción de cocaína en Colombia y el consumo en EE.UU.

El problema es que no hay evidencia suficiente para afirmar que el consumo de esta droga haya aumentado y aun si fuera cierto, señalar una relación de causalidad resulta muy difícil en un mercado ilegal en el que intervienen muchas variables. No se trata de restarle importancia o simplificar lo que es un serio problema de salud pública, sino de evitar las explicaciones fáciles y también las alertas que buscan generar apoyo para las medidas más represivas o que no han dado resultado –retorno de la fumigación o el endurecimiento de las penas–.

En una primera parte de este artículo analizaremos la información disponible sobre el consumo de cocaína en los Estados Unidos, Europa y Oceanía. Luego nos detendremos en Colombia, para finalmente señalar algunas conclusiones.

¿Es cierto que el consumo de cocaína está en aumento en los Estados Unidos?

De acuerdo a la información de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de Estados Unidos, entre 2013 y 2015 el consumo de cocaína se incrementó en un 61 por ciento pasando de 601.000 a 968.000 usuarios de esta droga. Los registros de muertes por sobredosis de cocaína también muestran una tendencia al alza, pasando de 4.700 en 2011 a 7.000 en 2015. Con estas cifras el Departamento de Estado ha prendido las alertas, señalando que este mercado está siendo suplido por Colombia, ya que el 90% de las muestras de cocaína que fueron incautadas en 2015 tienen como origen nuestro país.

A primera vista, la conexión parece lógica, convincente. Sin embargo, un análisis detallado de los datos plantea serias dudas sobre esta afirmación. El reconocido experto en política de drogas de la corporación RAND, Beau Kilmer, señala que en los Estados Unidos existen muchos vacíos e inconsistencias en la información y que por lo tanto estas cifras deben ser manejadas con cautela. Esta situación no es exclusiva para el caso de la cocaína, sino también para las otras sustancias ilícitas en ese país, sobre las cuales es cada vez es más difícil conseguir información confiable.

Kilmer compara siete fuentes estadísticas y encuentra que solo tres ellas señalan que el consumo de cocaína está aumentando, con indicadores débiles para poder estimar el consumo de los heavy users (los usuarios intensivos que pueden llegar a consumir ocho veces más que los usuarios ocasionales) (Centers for Disease Control and Prevention, National Survey on Drug Use and Health y National Survey on Drug Use and Health). Las otras cuatro fuentes, que son las más confiables, muestran que el consumo en este país se ha estabilizado y en algunos casos ha disminuido (Quest Diagnostics, Treatment Episode Data Set (TEDS), Arrestee Drug Abuse Monitoring y Centers for Disease Control and Prevention).

En cuanto a las cifras de sobredosis de cocaína, un aspecto importante a tener en cuenta es que el aumento en los últimos dos años ha estado jalonado por un incremento de casos donde las muertes se originan por una peligrosa mezcla de cocaína con opiáceos –como heroína o el fentanilo– y no por el uso exclusivo de cocaína.

Un nuevo estudio publicado en el American Journal of Public Health muestra que entre 2006 y 2010 los casos de sobredosis de cocaína iban en caída al pasar de 2.5 a 1.35 muertes por cien mil habitantes. Sin embargo, de 2010 a la fecha esta cifra se ha incrementado en más de un 60 por ciento como resultado de la mezcla de cocaína con opiáceos, lo cual es consistente con el creciente uso de heroína y el suministro de fentanilo producido ilícitamente en los Estados Unidos. Este escenario en que los opiáceos están impulsado el aumento de muertes obliga a ser muy cuidadoso con las cifras que se están manejando respecto al consumo de cocaína en Estados Unidos, ya que puede llevar a inferencias que no responden a la situación real de los consumidores.

Por otra parte, un reciente análisis realizado por Hernando Zuleta, Director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) de la Universidad de Los Andes, señala que no se puede hablar de un aumento generalizando en los Estados Unidos, pues el consumo de cocaína se ha concentrado en franjas específicas de la población y en los estados que están más al norte como Alaska, Montana y Maine –y no en los del sur–.

¿Y qué ha pasado en el resto del mundo?

En Europa tampoco está claro si el consumo de cocaína va en aumento. Según el Informe Mundial sobre Drogas 2017, publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), a pesar de que la oferta de cocaína parece estar creciendo (basado en las encuestas y estudios realizados por los países, la mayoría de las cuales no están actualizadas), todavía no es posible establecer si el consumo ha crecido. Lo que muestran las cifras es que el periodo 2011-2015 estuvo marcado por un comportamiento estable (aproximadamente el 0.9 por ciento de la población).

La información desagregada por países tampoco muestra un panorama claro. El más reciente informe del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT), concluye que de aquellos países que realizaron encuestas de consumo de cocaína en 2013, seis mostraron un incremento, dos una tendencia estable y cuatro presentaron reducciones.

En Europa, además de las encuestas poblaciones, se encuentran los análisis de detección de residuos de cocaína en algunas aguas residuales municipales. Con base en esta información, el OEDT encuentra que las pautas generales detectadas en 2015 son similares a las de años anteriores, en las que la mayoría de las ciudades muestra una tendencia descendente o estable.

En cuanto a Asia, la información reportada por UNODC hace referencia al aumento en el número de incautaciones de cocaína que tenía como destino este continente, las cuales pasaron de 0.4 toneladas en 1998 a 1.7 toneladas en 2015, especialmente en los países del este y sudeste asiático. Aunque esto puede ser un indicio del aumento de la demanda, no es suficiente para concluir que está aumentando el consumo. Una situación similar se encuentra en Australia, donde las incautaciones aumentaron de 0.1 toneladas en los años noventa a 1.2 toneladas en 2015. En este caso, UNODC además señala que se registra una leve caída de los precios de cocaína, lo cual tampoco es evidencia clara de que el uso de la cocaína esté en aumento.

En conclusión, no existe evidencia concluyente que indique que el consumo de cocaína ha incrementado en el mundo, ni revisando la evidencia global, ni la disponible para las regiones o países específicos.

¿Y en Colombia sí está aumentando el consumo?

Un informe del Departamento Nacional de Planeación prendió las alertas al afirmar que el consumo de drogas estaba creciendo en el país, al punto de que Colombia había pasado “en los últimos siete años a ocupar el cuarto puesto en Suramérica en consumo de cocaína y marihuana”. Posteriormente aparecieron titulares como “Colombia pasó de productor a ser uno de los principales consumidores de droga” o “Colombia, de productor de cocaína a gran consumidor de droga”. ¿Qué dice la evidencia al respecto?

Existen cinco encuestas que se han hecho para estudiar el consumo de drogas. Cada una tiene datos comparables para sub-periodos, aborda distintas poblaciones y tiene una escala geográfica distinta:

Al observar las cifras que ofrece cada encuesta sobre la prevalencia del último año de consumo de cocaína, encontramos un panorama distinto al que plantean los medios:

De las cinco encuestas, dos de ellas –población universitaria y CESED jóvenes- muestran que la prevalencia anual de consumo ha disminuido en el tiempo. Otras dos revelan una tendencia al alza. La encuesta sobre población escolar evidencia un incremento del 1.21 entre el año base y el final. Mientras que la cifra del Estudio de SPA en Bogotá presenta un leve aumento del 0.21 entre ambos años. Finalmente, el Estudio Nacional de SPA concluye que el consumo se ha mantenido estable.

De manera general, lo que sugieren los datos disponibles es que el consumo de cocaína no ha tenido grandes variaciones durante la última década.

Una mención especial requiere el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en población escolar, el cual mostró un aumento significativo en la prevalencia del último año. Lo primero que hay que destacar es que el año base es 2004 y el año final de 2011, es decir un periodo anterior al aumento reciente de los cultivos de coca. Lo segundo es que esta encuesta hace referencia a menores de edad, la población más vulnerable y con un consumo de alto riesgo. Desde la fecha de la última encuesta (2011) hasta el día de hoy, un porcentaje de estos menores podría haber seguido con el consumo, lo cual se reflejaría en las encuestas más recientes. En todo caso, este es un tema sobre el cual el Estado debe prestar atención, siendo una prioridad actualizar esta encuesta.

De otro lado, una de las afirmaciones recurrentes en el debate es que el aumento de las hectáreas cultivadas estaría presionando el consumo interno. Esta hipótesis es difícil de sostener con los datos disponibles. El Ministerio de Justicia estima que para una población de 288 mil personas se requieren alrededor de 19 toneladas de cocaína al año. El estudio del DNP, por su parte, calcula en 254 mil personas el número total de usuarios de cocaína en 2015, las cuales demandarían cerca de 16.7 toneladas, lo que representa el 2.6 por ciento del total de la producción. Es claro que el uso de cocaína en Colombia es un factor marginal en el aumento del número de hectáreas.

Otro de los argumentos que se han sostenido es que el reciente incremento de los cultivos ha generado una mayor disponibilidad de drogas en las ciudades. De las cinco encuestas analizadas, solo el estudio de SPA en Bogotá ofrece información para analizar la disponibilidad antes y después del aumento de los cultivos. Lo que se esperaría es que entre la encuesta del 2009 y la del 2016 se evidencie un aumento en la facilidad para acceder a esta sustancia. Sin embargo, esto no es lo que sucede:

Aunque no se pueden sacar conclusiones del país a partir de los resultados de Bogotá, se puede afirmar que con los datos que hay, la disponibilidad y la oferta de cocaína no han variado significativamente. Por eso, si va a afirmar que el consumo de cocaína está aumentando, mejor piénselo dos veces.

La evidencia contenida en este artículo permite concluir que:

  • En los Estados Unidos hay información contradictoria sobre el incremento del consumo de cocaína.
  • En Europa la tendencia es estable y en varias ciudades apunta a un descenso.
  • En Asia y Oceanía el aumento de las incautaciones ha generado alertas sobre el incremento de la demanda, pero no hay información para señalar que el consumo ha tenido un alza.
  • En Colombia no hay datos para apoyar la afirmación de que el consumo ha tenido grandes variaciones en la última década. Además, la demanda interna aparece como factor marginal para explicar el alza en el número de hectáreas de coca y es difícil poder afirmar que hay una mayor facilidad para acceder a la cocaína.

Si bien la evidencia del aumento en el consumo no es clara en este momento, esto no significa que los países deban bajar la guardia en lo que claramente es un asunto de salud pública. Analizando lo que ocurre en los EE.UU., Beau Kilmer advierte que es posible que aún no se hayan reflejado en las encuestas y estudios las cifras del consumo problemático, por la brecha temporal que existe entre el consumo ocasional y el uso intensivo. Lo que muestra la evidencia es que aproximadamente el 16 por ciento de quienes consumieron cocaína por primera vez, terminen desarrollando un uso intensivo de esta sustancia en los próximos diez años. Por lo que es posible que en una década las encuestas sí reflejen una tendencia al alza como resultado del tránsito de aquellos que comenzaron como consumidores ocasionales y terminaron como heavy users.

Por el momento, hay que tomar con cautela los llamados al endurecimiento de las medidas para controlar los cultivos, que se basan en el supuesto crecimiento alarmante del consumo de cocaína. También es importante evitar las simplificaciones que buscan atribuir a un solo factor el alza en los cultivos de coca. Por supuesto que la demanda tiene conexiones con la oferta y viceversa, pero en un mercado imperfecto como el de la cocaína, hay un desacople entre lo que se produce y lo que se consume.

En lugar de pasarse la pelota de un lado a otro, los países involucrados deberían concentrar sus capacidades y recursos en responder al uso de drogas como un asunto de salud pública y al incremento de los cultivos como un asunto de desarrollo, con un esfuerzo sostenido enfocado en mejorar la calidad de vida de los campesinos y el desarrollo rural. Infundir temor, sin tener en cuenta la evidencia, solo nos llevará a seguir con las fórmulas que no han funcionado en el pasado.