Summary: In this report, FIP analyses what happened with microtraffic within the city after the Bronx’s dismantlement and what happened with the street dwellers who were key players in the chain of this illegal market.

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1. El desmantelamiento del Bronx provocó una reorganización territorial del microtráfico en el centro de la ciudad

El Bronx, ese espacio de pocas cuadras en el centro de Bogotá que era a la vez expendio y sopladero, pero también oficina del crimen, ya no existe. Sin embargo, el microtráfico en el centro de la ciudad mutó: disminuyeron las grandes concentraciones de expendios, pero estos se han venido dispersando progresivamente. El trabajo de campo de la FIP en 2016 y lo que va de 2017 permite concluir que a pesar de que las autoridades han hecho un enorme esfuerzo por evitar las concentraciones de expendios y sopladeros en áreas reducidas, tipo Bronx, estas se reorganizan en zonas más grandes, aledañas a las erradicadas.

2. La compra y venta de drogas ilícitas se dispersó e invisibilizó mucho más, pero no se alejó tanto del Bronx

Este comportamiento se viene registrando desde hace por lo menos una década. Hoy, los expendios y sopladeros se han desplazado a zonas cercanas al Bronx, pero no tan pequeñas. En otras palabras, antes los expendios se concentraban en una manzana y ahora, los habitantes de calle y/o adictos, lo hacen en un área de 12 manzanas contiguas al suroccidente del Bronx. Más allá, hay cuadras adicionales afectadas, pero con menor densidad de habitantes de calle y expendios. Algo parecido sigue sucediendo en Corabastos y sus alrededores.

3. Los habitantes de calle se aglomeran menos en donde antes compraban y consumían, pero se mueven más

Concentración y dispersión del expendio de basuco en Bogotá, 2016

Hoy, los habitantes de calle se desplazan más por el centro de la ciudad porque permanecen menos en lugares como el Bronx y otros similares. Sin embargo, las localidades siguen siendo las que tradicionalmente ocupaban: Santafé, Los Mártires, La Candelaria, Antonio Nariño, Puente Aranda, parte de Rafael Uribe, Teusaquillo y Chapinero. De la misma manera, ya no están concentrados en El Amparo o en María Paz, sino que merodean en los alrededores, en las localidades de Kennedy y Bosa.

4. Nada indica que los habitantes de calle hayan disminuido

Por el contrario, su lento pero persistente crecimiento se sigue verificando. Otra cosa es que cada vez se ven menos aglomerados en lugares de expendio y consumo.

5. No es cierta la percepción de que los habitantes de calle “están en todos lados”

Los habitantes de calle siempre han vivido dispersos, en especial, por el centro de la ciudad. Hoy, este fenómeno se ha intensificado. Se suma que, en general, la intervención del Bronx generó un sentimiento de miedo en aquellas zonas vulnerables de convertirse en olla. Este miedo provoca un marcado rechazo hacia esta población y como consecuencia de ello, presión constante de la Policía.

6. La persecución del gato y el ratón

Una vez que los habitantes de calle son evacuados de una zona, no ocupan una nueva o se quedan estáticos. Esta población –antes y después del Bronx–, es corrida permanentemente por las autoridades y por presión directa de la ciudadanía.

Foto: Liliana Orozco

7. Hay “fábricas” de nuevos habitantes de calle

Hay expendios de basuco dispersos en un cinturón de la periferia de la ciudad que arrojan lentamente nuevos jóvenes al despeñadero de la habitabilidad en calle. La política pública debería orientarse también a evitar que esto ocurra. Golpear las zonas donde se aglomeran los habitantes de calle a consumir y a comprar, pero también los espacios en donde se dispersan a reciclar o a dormir, no es el único camino para controlar el problema. Una dimensión que hasta ahora no se ha trabajado es la de disminuir el flujo de jóvenes que hacen tránsito a la habitabilidad en calle, porque mientras crezca esta categoría social se perpetuará el expendio de basuco.

8. Se mantienen las estructuras criminales que controlaron y articularon el Bronx y otros expendios

Hay campaneros, expendedores (taquilleros), carritos[1] y jíbaros (distribuidores), que actúan con un modus operandi parecido al que utilizaban en el Bronx o en El Amparo, pero menos visible, más informal (ahora subcontratan) y como ya se explicó, en un área más amplia.

9. Hay un auge de la tercerización en el expendio

Las estructuras criminales ahora subcontratan más, tercerizan y consolidan redes con múltiples eslabones que no tienen una relación directa con el “dueño” del expendio. La FIP ha podido constatar que esos “dueños” arriendan los expendios hasta por 12 horas y suministran un stock de sustancias por las cuales el arrendatario debe responder al finalizar la “jornada”. Estos, a su vez, contratan a un tercero, ajeno a la estructura, para que las venda al consumidor. Hay una alta rotación de las personas involucradas en esta economía criminal.

10. El crimen organizado se adapta y se transforma

En Colombia, el crimen organizado a cualquier escala ha demostrado una gran capacidad para adaptarse a las intervenciones de las autoridades. En el caso del microtráfico, la multiplicidad de expendios dispersos muestra una extraordinaria versatilidad para compensar la carencia de zonas donde antes se concentraba la compra, venta y el consumo de sustancias, como el Bronx.

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[1] Término que se utiliza para los que llevan y traen, que generalmente son menores de edad.