Conozca el multimedia interactivo publicado por El Espectador el 24 de abril de 2017.

A primera vista, el mapa de los homicidios en Colombia podría dar la idea de que la violencia se extiende por todo del país. Sin embargo, si se observa detalladamente, los homicidios no se distribuyen de la misma manera en los territorios, sino que se concentran en las ciudades. Esto es lógico, porque allí es donde se encuentra la mayor parte de la población. Por eso, si el país quiere seguir reduciendo la tasa de homicidios, deberá tener una respuesta concreta a la violencia urbana. (Conozca DataFIP, una plataforma para entender el homicidio en Colombia)

Las tasas de homicidios a nivel nacional han descendido, pasando de 35 por cien mil habitantes en 2011 a 25.2 en 2016. En las cuatro ciudades principales también hay una tendencia a la baja. El año pasado, los 27 municipios más poblados –de los 1.122– concentraron el 48% de todos los homicidios que ocurrieron en el país y tres de cada diez homicidios ocurrieron en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. El promedio de la tasa de las principales urbes continúa siendo más alta que la nacional, aunque su comportamiento no es homogéneo. Cali y Barranquilla, por ejemplo, están por encima de la tasa nacional. Medellín se mantiene por debajo de la tasa nacional aunque tuvo un leve ascenso en los homicidios en 2016.

En estas ciudades el homicidio también se concentra en territorios específicos. En Bogotá, la mitad de los homicidios se concentra en el 7% del área de la ciudad y en Medellín en el 12% del área. En Cali el 68% de las muertes violentas se concentra en el 13% del área de esta urbe y en Barranquilla el 64% en el 9% del área.

La evidencia muestra que la violencia homicida no se da de manera aleatoria, sino que se concentra en lugares específicos, de manera persistente e incluso predecible.

Entender las dinámicas de concentración de los homicidios es clave para tomar las medidas adecuadas y focalizar los esfuerzos en los lugares donde la intensidad de la violencia es mayor. Se requieren medidas específicas dirigidas a los lugares, las personas y los comportamientos que producen mayor impacto en los niveles de violencia letal. Esto parece lógico, pero no necesariamente se refleja en la manera en que se definen prioridades, distribuyen recursos y evalúan las intervenciones.

Para entender la concentración del homicidio, tomemos como ejemplo lo que ocurre en Cali, que es la ciudad que tiene la mayor tasa de homicidios de las cuatro urbes principales y encabeza la lista de municipios con más de 400.000 habitantes que tiene el número más elevado de muertes violentas.

Cali

Este es el mapa de Cali, la ciudad que tiene la mayor tasa de homicidios de las cuatro urbes principales, encabeza la lista de municipios con más de 400.000 habitantes que tiene el número más elevado de muertes violentas.

Estas muertes violentas se concentran en los estratos socioeconómicos más bajos, allí donde el Estado tiene menos presencia y capacidades y donde también se concentran los mayores niveles de pobreza y la mayor cantidad de población.

Es importante aclarar que estudios disponibles tanto en Colombia como a nivel internacional muestran que la pobreza no es la causa de la violencia homicida. El mapa muestra que hay zonas pobres de la ciudad que no concentran altas tasas de homicidios. Lo que sí es evidente es que, en los estratos más altos, la ocurrencia de homicidios es mucho menor.

En Cali, la gran mayoría de homicidios se cometen con arma de fuego (83%), siendo el porcentaje más alto de las cuatro ciudades principales. Al sumar las áreas de mayor densidad –el color más oscuro en el mapa– vemos que este tipo de homicidios se concentra en el 13% de toda la ciudad.

En los lugares de concentración de homicidios, también ocurren otro tipo de delitos. El trabajo de campo de la FIP ha permitido identificar que, por lo general, la alta densidad de muertes violentas está asociada a zonas de disputa de organizaciones criminales y a la existencia de mercados ilegales. Al sobreponer el mapa de homicidios sobre el mapa de expendios de drogas, se aprecia que hay una alta coincidencia geográfica.

En Cali, las articulaciones entre el narcotráfico y las estructuras del crimen organizado siguen teniendo un peso importante. La existencia de numerosas pandillas defendiendo y disputando calles y barrios también dinamizan la violencia letal.

En Bogotá, Medellín y Barranquilla también se presentan dinámicas de concentración del homicidio:

Bogotá

De las ciudades principales, Bogotá es la que tiene la tasa más baja, con 16 por cada cien mil habitantes, es decir, seis puntos menos que lo que tenía en el año 2011. Un aspecto que resalta es que Bogotá, con excepción de 1993, año que registró una tasa de 80.9, siempre se situó muy por debajo del promedio nacional.

En Bogotá, la FIP encontró una fuerte correlación espacial entre las áreas en las que se vende y se incauta droga, y donde se concentra el homicidio. Las áreas en donde coinciden expendio de drogas y homicidio representan menos del 10% del área urbana de Bogotá, pero concentran el 40% de los homicidios.

Medellín

Sin duda, uno de los descensos más importantes de los niveles de violencia en el país, se ha dado en Medellín. A pesar de que el año pasado se registró un leve ascenso en la tasa de homicidios, la ciudad se encuentra 3.6 puntos por debajo de la tasa nacional. Las autoridades atribuyen el incremento y un porcentaje importante de las muertes violentas a las estructuras criminales que allí operan.

Barranquilla

Hace dos años, Barranquilla superó el promedio nacional de homicidios al llegar a una tasa de 35 por cada cien mil habitantes. En 2016, tuvo un ligero descenso y la tasa llegó a 32. Las zonas donde se concentran los homicidios se ubican en el suroccidente y suroriente de la ciudad, casi las mismas que en el 2015, lo cual indica que los esfuerzos de las autoridades deberían focalizarse, especialmente, en estos territorios. En Barranquilla, persisten dinámicas criminales relacionadas con el narcotráfico y disputas por el control del expendio de drogas al menudeo.

Otras ciudades

Estas cuatro ciudades hacen parte de las 18 con más de 400.000 habitantes que tiene el país, que en su conjunto concentran el 42% de total de muertes violentas que ocurrieron en Colombia. De ellas, en 2016 seis superaron el promedio nacional de homicidios (25.2 por cien mil habitantes) y las 12 restantes se situaron por debajo. En 2016, ocho de las urbes que se encuentran en este grupo tuvieron un aumento en sus tasas de homicidios, encabezando la lista Cúcuta (con un aumento del 45%), Soacha (12%), Soledad (22%), Pasto (10%), Bucaramanga (10%). De otro lado, las ciudades que tuvieron mayores descensos fueron Valledupar (-39%), Buenaventura (-29%), Cartagena (-15%) y Villavicencio (-8%).

Para reducir el homicidio hay que comenzar por lo local

Es posible reducir el homicidio siempre y cuando se tengan metas claras y se focalicen los esfuerzos en donde realmente está el problema. Para esto es necesario, primero, identificar los puntos donde se concentran las muertes violentas en las principales ciudades. Segundo, generar un diagnóstico compartido entre los actores relevantes sobre las características de este desafío: sus causas y consecuencias, y la manera como distintos factores de riesgo y vulnerabilidad interactúan entre sí. Tercero, priorizar e identificar respuestas específicas para la reducción del homicidio. Se requieren de múltiples acciones que se implementen de manera articulada. Y, cuarto, definir metas y objetivos concretos, acompañados de recursos y de un monitoreo constante.

La Campaña de Reducción de Homicidios “Instinto de Vida”, de la cual hacen parte más de 30 organizaciones de los siete países que concentran la mayor cantidad de muertes violentas en América Latina, propone una meta ambiciosa: una reducción de 50% en 10 años. Varias ciudades colombianas han tenido descensos sorprendentes en la última década, pero aún los niveles de violencia continúan siendo altos. Los análisis de la FIP muestran que intervenir de manera sistemática los puntos con mayor concentración del homicidio sí los reduce. Para detener la violencia actual es necesario pasar de una mirada general en lo nacional, a implementar respuestas específicas en lo local.