Publicado en El Espectador, 23 de septiembre de 2010

Representa en términos estratégicos un resultado mucho más importante que el registrado en abril de 2008 contra ‘Raul Reyes’ en territorio ecuatoriano. Su importancia es superior porque era un hombre que tenía mando sobre tropa, una altísima influencia en los órganos de decisión dentro de las FARC y por supuesto porque era la prueba fehaciente de cierto “ideario” o “moral” de lucha para los miembros de esta guerrilla.

En esos términos, la muerte de ‘Jojoy’ representa la caída de un verdadero símbolo de las FARC.

También es una muestra más de la necesidad de darle continuidad a las políticas de seguridad desde la institucionalidad estatal, alejándonos por fortuna, de la “imperiosa necesidad” de seguir creyendo en gobernantes irremplazables.

Los resultados de esta operación, más allá de los cantos de victoria que muy responsablemente no ha querido entonar el gobierno nacional, nos obligan a pensar en por lo menos dos retos adicionales luego de muerte de ‘Jojoy’.

Por un lado, implica que la superación del conflicto con las FARC solo es posible si se redefine y se profundiza la Política de Consolidación, llevando a otros territoritos, como ya se está haciendo en la Serranía de La Macarena, la institucionalidad del Estado y las políticas sociales y económicas que permitan, ahora sí, hacer irreversible el renacer de las FARC y avanzar en la construcción de la legitimidad del Estado.

En segundo lugar, es una nueva señal para que el Estado colombiano, de manera inteligente y no vengativa –tal como ocurrió en los últimos ocho años-, logre capitalizar estos golpes militares en términos de estrategias políticas que apunten no solo a ganar la guerra sino a terminar el conflicto armado.

Por último, es necesario recordar que estos exitosos golpes militares, no pueden hacernos olvidar que es muy prematuro hablar de posibles escenarios de negociación con este grupo guerrillero o de un “fin del fin” de las FARC. A pesar de que oficialmente se han desmovilizado más de 14.700 guerrilleros de las FARC, hoy esta guerrilla cuenta con más de 7.000 hombres en armas y una activa presencia en la cordillera central y occidental. Todo un reto sin duda en términos de seguridad.