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Los expertos invitados al Foro: “El triángulo Desigualdad – Violencia – Seguridad en América Latina: un reto regional en un momento de vulnerabilidades múltiples”, realizado el 21 de febrero, debatieron sobre las dimensiones políticas y sociales de la violencia que enfrentan los países latinoamericanos y sobre el impacto regional que ha tenido la fuerte tendencia a la militarización de la política de seguridad en América Latina. María Victoria Llorente, directora ejecutiva de la FIP, resaltó que "esta es la región más violenta del mundo, que concentra los más altos índices de violencia y de desigualdad".

Llorente moderó el panel Triángulo Desigualdad-Violencia-Seguridad: Dimensión geopolítica, en el que participaron los expertos Daniel Rico, Lucía Dammert, Lucía Nader y Miguel Gomis, quienes debatieron sobre el populismo punitivo y la lucha contra el crimen organizado. Para Dammert, en general, los estados latinoamericanos tienen problemas de legitimidad política, son rígidos institucionalmente y tienen una voluntad política volátil que genera un sistema perverso en las estrategias para combatir la inseguridad y los grupos criminales.

En el mismo sentido, Daniel Rico, investigador asociado de la FIP, señaló que será muy difícil combatir el crimen organizado mientras no se asuma que es un proceso multicausal que va más allá del problema de narcotráfico. Según Rico, “la hiperatención al narcotráfico disminuye la capacidad de tratar eficientemente el problema de lavado de activos que se presenta tanto en Colombia como en la región. También hay que prestarle atención a temas como la corrupción, las redes de trata de personas y la financiación ilegal de campañas electorales, que hacen parte de las esferas del crimen organizado”.

El segundo panel del Foro se enfocó en la dimensión política y social del triángulo desigualdad, violencia y seguridad

En relación con la dimensión más social del triángulo desigualdad- violencia- seguridad en América Latina, el segundo panel, integrado por el investigador Matías Bianchi; Andrés Dávila, de la Universidad Javeriana; y las activistas de derechos humanos Lulú Barrera y Raquel Rosenberg; el debate se centró en la desigualdad y sus efectos sobre la corrupción, la ineficiencia institucional y la criminalización de los migrantes, dado que en los países latinoamericanos las migraciones interregionales son cada vez más comunes.

En este sentido, Andrés Dávila señaló que "aunque estamos en un momento muy incierto y muy desafiante, y estamos en la era de la corrupción, los países latinoamericanos cuentan con unos mínimos de democracia y desarrollo con los cuales aún se puede construir política".

Venezuela como un riesgo y una amenaza para la estabilidad de la región

La crisis de Venezuela fue el tema central del tercer panel integrado por Iván Briscoe, del International Crisis Group, y Víctor Mijares, de la Universidad Javeriana. Para Briscoe explicar la crisis venezolana requiere asumir la desigualdad como un factor determinante de la política de ese país durante los últimos 30 años: “la desigualdad ha sido la base del chavismo, y el chavismo ha empobrecido a todos”, dijo.

En la misma línea, Mijares señaló que los problemas de Venezuela son de subsistencia, lo cual margina a ese país de los problemas e intereses de la región. Sin embargo, resaltó que las relaciones bilaterales con Colombia han estado marcadas por el proceso de paz del Gobierno con las FARC, pero que en esta etapa de implementación del Acuerdo, Venezuela puede representar una amenaza y un riesgo para el éxito del proceso. Según Mijares, “por la debilidad política e institucional de Venezuela los disidentes de la guerrilla podrían encontrar un santuario de violencia y narcotráfico, generando tensiones entre los dos países que pondrían bajo fuego al proceso de paz”.

Por último, aseguró que la crisis venezolana ha sido pobremente tratada por la región, en parte por la precariedad del multilateralismo latinoamericano. Para este investigador de la Universidad Javeriana, si la crisis llega a desatar los riesgos y amenazas mencionados para el proceso de paz, es muy difícil vislumbrar quién y cómo podrían contenerlos.