Summary: FARC´s members - and the media - who have reached these areas have encountered evident logistical problems. But the main concern should be what can happen from now on.

Esta columna de opinión se publicó el 6 de febrero de 2017 en Razón Pública

La marcha final

En las últimas semanas hemos visto fotos y videos de guerrilleros movilizándose, masivamente, hacia las zonas veredales y puntos transitorios de normalización en diferentes lugares del país. Las imágenes muestran lanchas, camiones, jeeps y mulas cargadas de hombres y mujeres que no van tras la toma de una cabecera urbana o a posicionarse estratégicamente para atacar una base militar. No. Van a dejar las armas y a reincorporarse a la vida civil. Un hecho histórico sin lugar a dudas.

No han faltado las voces que señalan al gobierno como el responsable de los atrasos en el desplazamiento de las tropas y la adecuación de estas zonas, y hay otros que vaticinan el fracaso del proceso. Y sin duda hay problemas que deberían haberse anticipado:

  • Haber nombrado a un responsable para esta tarea hace tiempo, pues la designación de Carlos Córdoba como gerente de las zonas pareció darse hace muy poco. Esto demuestra una vez más la costumbre burocrática de planificar poco, reaccionar sobre la marcha y chocarse contra las precariedades.
  • Haber planeado mejor la logística y los demás aspectos técnicos, teniendo en cuenta la amplia experiencia que tiene el Estado colombiano en este tipo de procesos –desde el del EPL hasta el de las AUC–. Es preocupante que no solo las FARC adviertan sobre estos problemas a través de redes sociales, sino que también lo hagan instancias del Estado como la Defensoría del Pueblo y algunos alcaldes y personeros de las zonas y puntos.
  • Haber mitigado los retrasos en el cronograma que resultaron del triunfo del No en el plebiscito, sopesando la necesidad de seguir trabajando en la construcción de las zonas y los puntos. En la Fundación Ideas para la Paz (FIP) hemos dicho que la buena adecuación de las zonas significa la primera victoria de la implementación.

Sin embargo también es cierto que la adecuación de estas zonas no es nada fácil, dadas las particularidades del proceso y del Acuerdo Final. A diferencia de otros procesos de desarme y desmovilización de Colombia y el mundo, el de las FARC se dará en un plazo de seis meses para cerca de 6.300 individuos y de manera simultánea en 26 puntos del país. Y todo esto después de haber movilizado un gran número de personas por una geografía agreste con precarios caminos y escasa navegabilidad fluvial.

Las verdaderas dificultades

Apartándose de visiones fatalistas habría que decir que estos retrasos son de poca importancia si se comparan con los retos que se vienen en el mediano plazo con relación al funcionamiento y los objetivos de las zonas y puntos. Aquí mencionamos dos de estos.

Manejo del armamento. Estas zonas se crearon para iniciar el cumplimiento de un acuerdo de paz y asegurar la transición temprana de la tropa. Precisamente se pretende que el manejo del armamento se lleve a cabo en espacios seguros, de manera expedita y siguiendo estándares internacionales para la recolección, identificación, inspección, almacenamiento y disposición final del arsenal.

Por eso sería motivo de real preocupación que este proceso llegue a entrar en un espiral de improvisaciones e incumplimientos de cronogramas y protocolos establecidos. Esto podría llevar a retrasos en la entrega del armamento, al riesgo de que no se entreguen todas las armas y municiones, o a que estas se desvíen a otros grupos como el ELN, el EPL, el crimen organizado y disidencias o desertores con presencia cerca de las zonas de concentración.

A su vez, también estaría en peligro la seguridad de los guerrilleros que se están desmovilizando, del personal de monitoreo y verificación, y de las comunidades aledañas. Lo anterior no se daría en todas las zonas, sino en aquellas donde habrá presión del crimen organizado y el transnacional.

Riesgos en el entorno. El proceso de concentración de las FARC avanza en medio de la reducción de la violencia, pero al mismo tiempo se caracteriza por un alto grado de inestabilidad y vulnerabilidad que puede afectar su desarrollo. Un informe reciente de la FIP advierte, precisamente, sobre los riesgos en los entornos de estas zonas, como:

  • Presencia de otros actores armados como el ELN, el EPL y diferentes expresiones del crimen organizado de alcance regional y local, que siguen atacando a la fuerza pública y a la población civil, y empiezan a copar los espacios que dejan las FARC.
  • Continuidad de economías criminales como el narcotráfico y la minería ilegal, de las cuales se alimentan los grupos armados.
  • Corredores de tráficos ilícitos que abastecen a las economías criminales y que son protegidos por los grupos armados ilegales.
  • Proximidad a zonas de frontera por donde pasan rutas de tráficos ilícitos y redes transnacionales que operan en coordinación con grupos regionales y locales de crimen organizado.
  • Surgimiento de facciones disidentes de las FARC que siguen cometiendo acciones violentas y conservan su relación con negocios ilícitos.

El gran desafío

Aunque estos factores de riesgo están interrelacionados, su manifestación no será igual en todas las zonas, sino que se dará de diferentes formas y con distintos grados de incidencia de acuerdo a las particularidades de los entornos. Este será un gran desafío que demandará de las instituciones una respuesta diferenciada, eficaz y ágil para asegurar el normal desarrollo del proceso de concentración, desmovilización, desarme y reinserción de la guerrilla.

Por todo lo anterior, antes de atribuirle al gobierno la responsabilidad exclusiva de los problemas operativos que se han presentado en la instalación de las zonas, es importante reconocer:

  • El esfuerzo institucional que se ha hecho para tratar de cumplir este proceso en el tiempo que se pactó en La Habana, a pesar del desafío que implica coordinar estas tareas y las particularidades propias de los territorios.
  • Que hay otros asuntos cruciales que trascienden lo logístico y que son los que realmente van a determinar el éxito de esta primera fase de la implementación del Acuerdo de paz.

El desarme de las FARC es un hecho sin precedentes que marca un punto de inflexión en la historia colombiana, por eso su lectura no puede ser superficial y fatalista. Si ha faltado previsión por parte de las entidades encargadas esto debe corregirse lo antes posible. Pero también es momento de reconocer la importancia del proceso, aportar de manera constructiva a su mejoramiento y, sobre todo, enfrentar adecuadamente las verdaderas dificultades que se presentarán durante la implementación.