Summary: It is shocking that the same person who has been the most rigorous at inquiring the relation between violence and the state´s deficits, the citizenship and economics, is contributing to those who have been pointing out that peace shouldn´t be our common purpose any longer

Esta columna de opinión se publicó el 17 de enero de 2017 en Las 2 Orillas

Una muy grata noticia supone la intención presidencial de Claudia López. No solo por su carácter e independencia, sino porque le dará al debate político una dosis necesaria de ciudadanía y de picante. Claudia es una líder nata, que combina, como pocos, tres características: la profundidad de la comprensión académica, el idealismo que otorga el propósito honestamente vivido y el realismo pragmático que requieren las decisiones de política pública.

Así se quede en la mitad de la campaña, o llegue al final como cabeza o cola de alguna de las llaves con verdadera opción, su presencia en la contienda nos garantiza un debate público con altura y franqueza.

Su opción por la anticorrupción no es nueva. Y en eso coincide con los que pretenden generar alrededor de este tema el nuevo centro de gravedad de la política colombiana. Pero sí son muy novedosas, por llamarlas de alguna manera, las afirmaciones sobre la paz que ha venido expresando en entrevistas con El Espectador y El Tiempo, en las cuales ha comenzado a perfilar sus notas de campaña.

Lo realmente importante de los diálogos de paz fue crear las condiciones para iniciar un proceso de integración territorial de largo aliento

Muy duro leer: “Colombia ya no tiene como prioridad ni las FARC ni la paz, sino derrotar la corrupción, que es el gran cuello de botella para modernizar y desarrollar el país”. Y luego: “No nos interesa nada con las FARC. Los que dejaron las FARC está bien que dejen de matar gente y su prioridad debe ser reconciliarse con este país, cumplirles a las víctimas, erradicar la coca”. Qué difícil mensaje para la construcción de la paz en una nación que acaba de cerrar con mucha dificultad un doloroso conflicto armado de más de medio siglo.

Seguramente, de la Claudia que escribió el rotundo libro ¡Adiós a las FARC ¿Y ahora qué?, a la Claudia candidata haya un trecho inevitable. Pese a ello, resulta impactante pensar que la misma persona que ha examinado con el mayor rigor la relación entre la violencia y los déficits de Estado, ciudadanía y mercado, le dé combustible a quienes vienen afirmando que la paz ya no debe ser el centro de nuestro propósito colectivo.

En efecto, son muchos los que quieren hacerles conejo a los acuerdos de paz, y su argumento, precisamente, es que lo importante de la negociación era sacar a las FARC de las armas para que se dedicaran a reparar a las víctimas sometiéndose a las reglas del Estado. No. Ese no fue el propósito de los diálogos que nos tomaron más de cinco años. Lo realmente importante fue crear las condiciones para iniciar un proceso de integración territorial de largo aliento.

Justo ahora, cuando las FARC entreguen las armas y se inicie el debate político sobre una gran agenda pendiente que toca temas de desarrollo local y rural, reactivación económica y descentralización, requerimos voces con liderazgo que le recuerden al país que este proceso de paz lo hicimos para iniciar una transformación en el modo en que hemos hecho las cosas, y superar un sistema que ha alejado a muchísimos colombianos de los circuitos de la ganancia y el bienestar.

Se trata de ese mismo programa que está lúcidamente esbozado en el libro de Claudia y que nos tomará más de diez años y muchos esfuerzos sacar adelante. Un programa en el que, claro está, la manera extorsiva y corrupta en la que se hace la política está en el centro del problema. Pero de señalar el rol fundamental de la corrupción a afirmar que la paz ya no es la agenda de los colombianos hay un largo trecho… Eso mismo es lo anda diciendo a diestra y siniestra el vicepresidente Vargas Lleras.

Es muy importante que los colombianos entendamos que el proceso de paz no lo hemos acabado, y que la construcción de una paz estable y duradera requiere empeñar nuestros mejores esfuerzos

Quizás la gente ya está cansada de oír sobre la paz y sobre las FARC, y por eso resulte más rentable políticamente defender una bandera que suene a tonada distinta. Pese a ello, es muy importante que los colombianos entendamos que el proceso de paz no lo hemos acabado, y que la construcción de una paz estable y duradera requiere empeñar nuestros mejores esfuerzos para que el plan de integración al desarrollo que está plasmado en los acuerdos, salte del papel a la práctica.

Claudia conoce los desafíos del posconflicto, los ha estudiado como pocos en el país. Comprende la tarea de la construcción de territorio y sabe que la cooperación creativa con las FARC es determinante para que la paz funcione. Ojalá en la definición de un discurso ganador, no olvide que necesitamos a alguien que defienda estas banderas en medio de la incertidumbre.

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