Esta columna de opinión se publicó en La Silla Vacía el 11 de octubre de 2016

Luego del plebiscito y la ventaja del “No” en las votaciones, el proceso con las FARC ha quedado en suspenso, mientras que las partes se ponen de acuerdo sobre cómo seguir –o no– con lo pactado en La Habana. El actual momento de incertidumbre trae consigo unos riesgos latentes no sólo para el objetivo de la desactivación del conflicto en los territorios, sino que también podría tener consecuencias de largo plazo. Las dinámicas acá señaladas podrían acentuarse con cada día que pasa.

Es importante además señalar que buena parte de estos riesgos no son nuevos. Sin embargo, los resultados del plebiscito y la falta de un horizonte claro sobre lo que sigue, sí exacerba estas dinámicas.

1. Fracturas internas de las FARC

El frente primero ya había dicho que no se montaba en el bus de los acuerdos. Luego del plebiscito y ante la ventaja del No, ratificó su decisión. Después del 2 de octubre podrían acentuarse las fracturas en el mando interno de algunas facciones de las FARC que se radicalicen ante la incertidumbre de estos días.

Esta es una dinámica que podría afectar especialmente a mandos medios que vean tocados sus incentivos para esperar los dividendos de este proceso y que podrían optar por sacar ventaja del ruido actual para formar rancho aparte, privilegiando las rentas sobre el proceso.

Si bien la X Conferencia sirvió para poner de acuerdo a los distintos frentes sobre lo pactado en La Habana, lo que ocurrió en el plebiscito desordena esta estantería y abre muchas preguntas sobre el futuro. Bajo este marco, es importante que las FARC cuiden la cohesión interna, especialmente con los frentes de frontera con Venezuela y Ecuador (48, 39, 30 y 10), que son los que hoy por hoy sostienen económicamente a este grupo armado.

2. Reacomodación de fuerzas en los territorios

Si bien las FARC no han terminado sus actividades ilícitas como el narcotráfico, la minería ilegal o las extorsiones, sí hay frentes que se han replegado en el territorio y ejercen con menos fuerza su capacidad de fuego.

De un lado, algunas fuentes de terreno informan que, por ejemplo, el frente Armando Ríos, comandado por alias “Gentil Duarte”, ha intensificado sus labores de narcotráfico y mantiene sus contactos internacionales con este propósito (el censo de cultivos de coca de Naciones Unidas ratifica que la zona de injerencia de este frente –oriente del Guaviare y norte del Caquetá, presentó un incremento en la coca en los últimos años).

Pero de otro lado, hay regiones en las que las FARC se han replegado y han reducido su participación en actividades ilegales, con lo cual se crean unos vacíos en estos territorios, que vienen siendo copados por el ELN y los Grupos Armados Organizados (GAO).

El actual momento de incertidumbre trae riesgos no sólo para el objetivo de la desactivación del conflicto en los territorios, sino que también podría tener consecuencias de largo plazo

Con la demora en la implementación de los acuerdos, las fuerzas criminales ganan tiempo para seguir haciendo acuerdos para lucrarse de las economías ilegales.

Los perdedores: quienes habitan estos territorios donde tradicionalmente el Estado ha sido el gran ausente. Por esto es importante que mientras continúan los diálogos con los promotores del 'No', el Estado avance en las estrategias de contención y defina sus prioridades estratégicas en cada zona.

3. Rezago en los procesos regionales que ya habían comenzado

En el marco de los diálogos de La Habana se lograron avances importantes de diálogo en varias regiones, orientado a implementar acciones de paz y desarrollo. Un buen ejemplo de esto es el proyecto piloto de desminado humanitario y el esfuerzo conjunto para la sustitución de cultivos ilícitos, los dos en Briceño, Antioquia.

Los resultados del 2 de octubre generaron incertidumbre entre los actores involucrados en estos procesos. La buena noticia es que el comunicado conjunto #2 del 7 de octubre reafirma la voluntad del gobierno nacional y las FARC de seguir adelante con estos gestos de buena voluntad, que en últimas representan un cambio en la vida de muchos colombianos.

Tres variables claves para el desarrollo de estos procesos son la generación de confianza, el cumplimiento de lo acordado y un horizonte positivo sobre el futuro. A medida que pasan los días y no hay un acuerdo entre las partes – incluyendo al 'No' – estos recursos se agotan y es más difícil pedirle a las comunidades que continúen participando activamente.

Es bien sabido que el Estado, con acuerdo o sin él, debe construir capacidades en los territorios con menor oferta de bienes y servicios públicos. Es urgente que estas labores y las de planeación articulada se intensifiquen y que no se desvíen los recursos únicamente a alcanzar un acuerdo nacional, sino también a construir lo necesario para después poder implementarlo.

4. Pérdida del entusiasmo de la cooperación internacional

La Unión Europea expresó que suspenderá el fondo de 585 millones de euros que habían destinado para la implementación de los acuerdos. Por su parte, el Congreso de Estados Unidos sigue sin aprobar el llamado “Paz Colombia” por valor de 450 millones de dólares.

Tampoco queda claro qué sucederá con los programas de cooperación que se venían ejecutando (la mayoría con recursos de EE.UU), la Unidad de Consolidación se extinguió y con ella las prioridades territoriales de cooperación internacional en programas de desarrollo alternativo.

Sin embargo, la comunidad internacional ha manifestado su apoyo al pueblo colombiano para que alcance prontamente el acuerdo de paz con las FARC. Es necesario que se mantengan los esfuerzos diplomáticos para que no se pierda el entusiasmo ni se aleje de las intenciones de financiación y acompañamiento.

Sin duda el Nobel de Paz ha sido un espaldarazo importante, pero con los días el efecto positivo que ha generado se chocará con la falta de claridad de cómo revivir el proceso de paz. Si no hay señales claras, será difícil mantener los apoyos concretos de la cooperación en los territorios.

5. Radicalización de las posiciones frente algunos temas

Los más de seis millones de votos del 'No' pueden llevar al gobierno y otros actores a asumir posiciones más de línea dura frente algunos temas de drogas y seguridad, como una forma de mostrarse fuertes ante la opinión pública, o reducir los riesgos de ser asociados como responsables del aumento de los cultivos.

Ya vimos el primer ejemplo en la posición del Fiscal General, quien propuso reanudar la aspersión aérea con glifosato o glufosinato. El Consejo Nacional de Estupefacientes estudió la propuesta y tomará una decisión definitiva a finales de octubre.

Es entendible y oportuno que el Fiscal busque opciones para contener la reacomodación de las fuerzas criminales en los territorios, y es cierto que se ha aumentado drásticamente la producción de cocaína en Colombia.

Sin embargo, la evidencia indica que concentrar todos los esfuerzos en el eslabón inferior de los cultivos no sólo no disminuye notoriamente el narcotráfico, sino que además distrae al Estado de hacer lo que podría estar haciendo para afectar con fuerza a las organizaciones criminales y generar desarrollo en los territorios más abandonados.

6. Enfrentamientos entre las FF.MM. y las FARC

Las FARC y las Fuerzas Militares han cumplido el cese al fuego y existen protocolos concretos para evitar que se rompa. Pero el riesgo se mantiene y es preciso que las partes hagan un seguimiento muy cercano a que el cese bilateral se mantenga y se eviten enfrentamientos accidentales.

Este proceso ha soportado situaciones difíciles pero un hecho notable de incumplimiento del cese al fuego en este momento, sería un fuerte golpe a la mesa de negociación. Nada indica que haya un riesgo de que las partes estén interesadas en reactivar la confrontación, pero no hay que perder de vista los saboteadores que podrían venir desde dentro de las filas o golpear desde afuera.

Bajo este marco, es importante el comunicado en que el Gobierno y las FARC reiteran: 1. Su compromiso con el cese al fuego y de hostilidades bilateral; 2. El mecanismo tripartito para el monitoreo y la verificación; y 3. Las garantías de seguridad y protección de las comunidades en sus territorios.

Ahora bien, la voluntad de las partes choca de nuevo con la incertidumbre en términos políticos y legales. El comunicado sirve para calmar las aguas en el momento actual, pero será muy difícil mantener este compromiso si se extiende el periodo de indefinición.

Sin duda el Nobel de Paz ha sido un espaldarazo importante, pero con los días el efecto positivo que ha generado se chocará con la falta de claridad de cómo revivir el proceso

Llegado el caso en el que las FARC y las FF.MM. tengan un cruce por fuera de lo acordado, será necesario que la calma prime en las decisiones de los responsables de mantener desactivadas las balas de los fusiles.

Finalmente, un riesgo mayor es que se prolongue esta interinidad del “No”, lo cual ahondaría los riesgos anteriores (y otros que existen). Por esto es importante que los líderes del “Sí” y del “No”, así como las FARC, encuentren la forma de manejar los riesgos de la situación actual pero sobre todo que encuentren pronto un acuerdo final.

¿Cómo mitigar estos riesgos?

En este contexto, no hay que desconocer que la incertidumbre lleva al proceso de paz a un punto de tensión sin precedentes, con importantes riesgos a nivel territorial y costosas demoras para el desarrollo rural de las zonas de injerencia de las FARC.

Para disminuir estos impactos y riesgos es clave que el Gobierno defina cuáles son sus prioridades en los territorios durante el periodo de incertidumbre que acaba de iniciar, y construir las capacidades para intervenir en las zonas donde hay más posibilidades de fractura interna de las FARC o donde otros actores buscarán tomar el control de las economías ilegales.

Otras recomendaciones concretas para reducir los riesgos son:

  • Reforzar el acuerdo para la preservación del cese de hostilidades involucrando a los representantes del 'No', con un compromiso de no reactivación de la confrontación mientas que avanzan las negociaciones.
  • Poner en marcha una estrategia de comunicaciones a nivel regional que haga contrapeso a los rumores y las falsas informaciones.
  • Tener una constante interlocución de la comandancia de las FARC (con garantías jurídicas y de seguridad para su traslado) con los frentes más vulnerables a las fracturas internas.
  • Dar continuidad a los esfuerzos conjuntos, tal como lo señala el comunicado reciente.
  • Evitar tomar medidas que tengan un impacto desfavorable en la reactivación de los acuerdos, como es el caso de la fumigación aérea para reducir los cultivos de coca. Hay otros mecanismos más efectivos para atacar a las organizaciones criminales y reducir el narcotráfico.
  • Evitar modificaciones sobre la conexidad del narcotráfico con el delito político, lo cual podría provocar la deserción de mandos medios. En todo caso habría que encontrar una salida judicial que no haga del problema de las drogas la piedra en el zapato para el proceso.
  • Avanzar en un cese al fuego con el ELN en el marco de la instalación de la mesa pública de conversaciones.
  • Monitorear y evitar los movimientos de grupos armados organizados hacia zonas con tradicional presencia de las FARC.