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En Colombia, la aspersión aérea con glifosato para erradicar la coca ha sido objeto de una fuerte polémica por los posibles efectos negativos en la salud humana, la fauna y el ambiente en general. De lo anterior se desprende la decisión que tomó el Consejo Nacional de Estupefacientes, en mayo de 2015, de suspender la aspersión con este herbicida.

Sin embargo, temas como las demandas al Estado colombiano por daños y perjuicios producto de la aspersión, así como la implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC (hoy en revisión y ajuste), hacen que el debate siga siendo necesario.

La Fundación Ideas para la Paz (FIP) busca contribuir a esta discusión con el informe Verdades científicas sobre glifosato y salud pública, que reúne de manera estructurada y rigurosa los estudios disponibles hasta el momento sobre los efectos del glifosato en la salud, y sus hallazgos.

El grupo de trabajo, conformado por Daniel Rico, Orlando Scoppetta y Juan Pablo Álzate, revisó 1.483 publicaciones científicas (artículos y reportes de investigación publicados después de 1990), de las cuales seleccionaron solo aquellas que aislaron los efectos del glifosato. Luego realizaron un análisis de resultados para estudios en células, animales y personas expuestas al herbicida bajo diferentes métodos, dosis y técnicas de seguimiento.

Según los autores, “ninguna de estas investigaciones pone en duda la toxicidad del herbicida”, y explican que, en general, el principal criterio de análisis "es si en las concentraciones usadas durante faenas agrícolas o en la aspersión aérea, estas pueden tener efectos nocivos sobre la salud de quienes resultan expuestos”. Es por esto que la relación entre el glifosato y su concentración es fundamental para comprender sus consecuencias.

Los hallazgos

La investigación de la FIP encontró una gran diferencia entre los resultados de los estudios que se centran en células y animales y aquellos que lo hacen en seres humanos. En los primeros, el impacto del glifosato es significativo, mientras en los segundos, no. Estos últimos analizan la aparición de enfermedades en la piel, distintos tipos de cáncer, daños genéticos, respiratorios, reproductivos y neurológicos. Sin embargo, “no se ha podido concluir que este herbicida sea un factor de riesgo para la salud humana, mientras se tomen las medidas de precaución recomendadas para el uso de un producto tóxico”, dicen los investigadores.

Los estudios que se centran en la relación entre el uso y/o exposición a glifosato con la aparición de cáncer, no encontraron asociaciones directas, sin embargo sí determinaron que los riesgos aumentan por la contaminación ambiental, por ejemplo, en ríos o cuerpos de agua.

Solo dos estudios, en el caso de humanos, mostraron efectos negativos a un nivel estadístico significativo. El primero de ellos hace relación a sudoración excesiva (Williamson, 2000) y el segundo, realizado por los colombianos Daniel Mejía y Adriana Camacho (2015), concluye que existe una relación causal entre la aspersión aérea con glifosato y problemas dermatológicos y abortos.

Este último estudio se incluyó en la revisión de la FIP por el gran impacto mediático que tuvo en el país y porque la Corte Constitucional lo citó como prueba científica cuando solicitó otros estudios que determinaran el impacto de las aspersiones aéreas con glifosato (Auto 073 de 2014). Los autores explican en un documento de revisión de pares académicos, las diferencias entre las conclusiones del estudio de Mejía y Camacho con el grueso de la evidencia científica avalada y publicada en el mundo.

Finalmente, el informe de la FIP deja claro que la relación entre glifosato y salud pública sigue siendo investigada por la comunidad científica. Hasta ahora, los estudios han encontrado que en animales, células, plantas y ecosistemas el glifosato es perjudicial en términos de mortalidad y morbilidad, por lo que no se descartan posibles riesgos para la salud humana. De ahí radica la necesidad de ampliar y continuar con más investigaciones científicas.