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Las características y la dinámica de la violencia letal en América Latina están asociadas con la fuerte presencia del crimen organizado y la existencia de múltiples economías criminales. El tamaño de la economía criminal puede afectar el nivel de las confrontaciones violentas y las disputas entre facciones enfrentadas. Esta es la razón por la cual el crimen organizado, el narcotráfico y la guerra contra las drogas han sido identificados como unas de las explicaciones principales para las elevadas tasas de homicidio de países como Brasil y Colombia, e incluso El Salvador, Honduras y México.

Pero este no es siempre el caso.

Al comparar esta situación de América Latina y el Caribe con lo que sucede en otras regiones del mundo se encuentra que la relación entre el tráfico de drogas, otras actividades criminales y la violencia no es directa y lineal. De hecho, lo que es sorprendente es la relativa ausencia de violencia en muchas regiones donde las economías criminales están activas.

Esta investigación cuestiona las relaciones entre la criminalidad organizada y la violencia letal, a partir de datos generados por el Observatorio de Homicidio del Instituto Igarapé. En una primera parte, compara las tasas de homicidio de diferentes regiones y países en los cuales hay presencia activa del crimen organizado. Allí, se busca identificar aquellos factores que marcan una diferencia entre lo que sucede en Latinoamérica y el resto del mundo, con énfasis en la violencia letal producida por las armas de fuego y los bajos niveles de resolución judicial.

"El porcentaje de homicidios cometidos con armas de fuego en América Latina, es el más alto en el promedio global"

En una segunda parte, se examina cómo las redes criminales explican el aumento y la reducción de la violencia homicida. La tercera sección, analiza el impacto de las intervenciones del Estado para combatir y contener la delincuencia organizada y las pandillas, resaltando las consecuencias negativas que han tenido los enfoques excesivamente opresivos.

Una conclusión clave es que las medidas de reducción de la violencia no pueden ser exitosas a menos que se establezca la autoridad legítima del Estado en un marco de protección de los derechos fundamentales.

Para Juan Carlos Garzón, autor de la investigación, "el nexo entre la delincuencia organizada y la violencia no ocurre en el vacío, sino en el marco de Estados débiles o en algunos casos inexistentes, con instituciones que son disfuncionales o que han sido cooptadas por facciones criminales".

¿Es América Latina una anomalía?

La producción, comercialización y consumo de droga también representa un factor importante que genera violencia. "El mercado ilegal de las drogas es un punto de partida para ilustrar la compleja relación entre el crimen organizado y la violencia. La región Andina es la principal zona productora de cocaína a nivel mundial. En esta región es evidente el contraste entre el alto nivel de violencia letal en Colombia (33 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2012) y las bajas tasas de homicidio en Perú (6,5 por cada 100.000) y Ecuador (11 por cada 100.000)", dice Juan Carlos Garzón, autor del documento e investigador de la FIP.