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Bogotá ha tenido un importante descenso de los homicidios en los últimos veinte años. Desde el último pico, en 1993, la ciudad ha logrado reducir su tasa de homicidios en un 79%, hasta llegar a 17 homicidios por cada cien mil habitantes (hpch) en 2015. Es evidente que la ciudad ha sido exitosa en la reducción de este indicador de violencia y que, en esta medida, hoy es más segura.

Sin embargo, el problema está lejos de ser controlado. La ciudad aún conserva niveles altos de violencia homicida. Aunque sus 17.16 hpch están por debajo de la media nacional (22.8 hpch), Bogotá aún se encuentra lejos de ciudades como Lima (5.6 hpch), Quito (8.3 hpch) o Ciudad de México (9 hpch). Su tasa de homicidios está incluso por encima de la media de América (16.3 hpch), que es el continente más violento del mundo.

Ver el problema en términos absolutos puede ayudar a dimensionar la escala de la problemática del homicidio. Bogotá tiene 7.9 millones de personas y el año pasado fueron muertas en la ciudad, de forma intencionada, 1.360 de ellas. Son 280 homicidios más al año de los que hubo en Buenos Aires, que tiene 16.1 millones de habitantes.

Impulsados por esta situación, un equipo de investigadores de la FIP se dio a la tarea de tratar de entender qué hace que los bogotanos se maten unos a otros, y lo que encontraron es sorprendente.

Los investigadores comenzaron por probar una hipótesis de vieja data: que los homicidios aparecen cuando en un lugar hay otras conductas delictivas, especialmente la venta de drogas. Para ello hicieron un mapeo de los homicidios y las incautaciones de drogas utilizando información de la Policía Nacional.

La mayoría de homicidios se concentran cerca de las incautaciones

Este ejercicio encontró “una fuerte correlación espacial” entre estos dos delitos, es decir, que las áreas en las que se vende –y se incauta– droga son también los lugares en donde más matan a la gente. Las áreas en donde coinciden expendio de drogas y homicidio representan menos del 10% del área urbana de Bogotá, pero concentran el 40% de los homicidios (ver mapa). Otra manera de verlo es que casi la totalidad de los homicidios que ocurren en Bogotá (99%) son a menos de 500 metros de un lugar en donde ha incautado droga (ver gráfico).

Motivados por estos hallazgos, los investigadores de la FIP fueron más allá y en un segundo ejercicio emplearon una técnica conocida como Risk Terrain Modeling (RTM), para determinar qué otros delitos aumentan el riesgo de homicidio en la ciudad. Con esta técnica encontraron que el tráfico de cocaína, las lesiones personales, el expendio de bazuco, el hurto a personas y la venta de marihuana son factores que incrementan el riesgo de homicidio en un determinado lugar, aunque el nivel del incremento y el área de influencia del delito varían para cada caso.

Casi la totalidad de los homicidios que ocurren en Bogotá son a menos de 500 metros de donde se ha incautado droga

Uno de los hallazgos más impactantes es que a una distancia de 100 metros de un lugar en donde se trafica cocaína, es 7.7 veces más probable que ocurra un homicidio. La distribución de bazuco y marihuana también aumentan la probabilidad de homicidio en los lugares en donde ocurren, aunque el efecto no es tan grande ni tan concentrado como el que genera la distribución y venta de cocaína.


Este hallazgo tiene varias implicaciones para la política de seguridad de la capital. Por ejemplo, si se tiene en cuenta que la venta de estupefacientes es generalmente controlada por el crimen organizado, es posible deducir, aunque no demostrar, que las organizaciones criminales son las responsables de que los niveles de homicidio de Bogotá permanezcan por encima de ciudades como Lima, Quito y Ciudad de México. Esta relación debe ser tenida en cuenta por la alcaldía en sus estrategias de reducción de homicidios, de manera que las dos problemáticas se aborden desde una perspectiva conjunta, o por lo menos, complementaria.La investigación de la FIP deja claro que la mayor incidencia de homicidios en algunas zonas de Bogotá está determinada por la presencia de otras conductas delictivas, principalmente las que tienen que ver con mercados ilegales de drogas.

El interés demostrado por la alcaldía en combatir el fenómeno del narcomenudeo puede ser una factor que contribuya, de manera definitiva, a acelerar la caída del homicidio. Hasta ahora no se sabe a ciencia cierta por qué cae o no cae este delito, pero la asociación que hace la FIP da algunas pistas. Si se combaten los mercados ilegales es posible que por ese camino, también caiga el homicidio en Bogotá.

*La investigación de la FIP fue elaborada por Patricia Bulla, Juan Felipe García, Boris Ramírez, María Paula Lovera y Daniel Wiesner.