Esta columna de opinión se publicó el 11 de abril de 2016 en El Tiempo

Durante los primeros 100 días del alcalde Peñalosa se han dado cifras alentadoras de seguridad. Comparando enero y febrero de 2016 frente al mismo periodo en el 2015, han ocurrido caídas del 16% en hurtos a residencias y al comercio, del 15% en hurto a personas, del 9% en robo de celulares y del 20% en homicidios. Esta última cifra es muy impactante no solo por su magnitud, sino porque hacía mucho tiempo no bajaban los homicidios en Bogotá. Otros datos, sin embargo, preocupan como el hurto de vehículos y las lesiones personales que crecieron en un 15 y 16%, respectivamente.

Es bien posible que los indicadores estén reaccionando ante el cambio drástico en el gobierno de la seguridad en la ciudad. Desde hace varios años veníamos llamando la atención en la Fundación Ideas para la Paz, sobre la ausencia de liderazgo y de una estrategia clara en la materia por parte de la alcaldía. Al fin, esto parece estar cambiando y hoy hay un doliente, más allá de la Policía, que les responda a los bogotanos por la seguridad. La creación de la Secretaría de Seguridad es sin duda un paso importante en este sentido.

También ha sido clave la recuperación de los espacios de concertación con el Gobierno nacional y la Policía. Esto genera oportunidades para el fortalecimiento de esta institución y permite reconquistar el direccionamiento y supervisión que la alcaldía debe ejercer frente a esta entidad. Es de suponer que producto de la renovación en esta relación, la Policía se haya esforzado en los primeros meses de la alcaldía de Peñalosa por mejorar la calidad y cobertura de su servicio en puntos críticos priorizados desde un principio por la administración.

La reflexión que hay que hacer ahora es sobre la sostenibilidad y profundización de los logros iniciales, frente a lo cual se presentan retos importantes. El mayor de ellos tiene que ver con la intervención en más de 700 puntos críticos que es la base de la estrategia de seguridad anunciada por Peñalosa. Esta requerirá de un liderazgo monumental por parte de la Secretaría de Seguridad para involucrar a diversos actores públicos y privados que tienen conocimientos y capacidades útiles para producir, en conjunto, mejores condiciones de seguridad.

La presencia policial y el patrullaje, aunque retador debido a las limitaciones de personal y la complejidad de algunas localidades, resulta ser el menor de los problemas. Lo más complicado es cuando se profundiza en las problemáticas sociales, culturales, económicas y de crimen organizado asociadas a los puntos críticos y que ni la presencia policial, ni la actuación de la justicia bastan para brindar soluciones duraderas. Es allí donde se pondrá en juego la respuesta efectiva, coherente y coordinada de la administración del nuevo alcalde en materia de seguridad.