Publicada en La Silla Vacía el 11 de diciembre de 2015

La FIP acaba de celebrar 15 años de vida. En este tiempo se ha consolidado como el tanque de pensamiento de referencia en temas de seguridad, conflicto y construcción de paz, y se ha convertido en el 'semillero' de técnicos que están trabajando tras bambalinas en la negociación de La Habana. La Silla habló con su directora, María Victoria Llorente.

P: Cuando la FIP se creó hace 15 años su objetivo era educar al empresariado sobre el conflicto. ¿Ha cambiado mucho desde entonces?

R: Si, primero, era una cosa muy representativa de los empresarios. Todos los que crearon la FIP estuvieron directamente vinculados al proceso de paz del Caguán. Por ejemplo, Nicanor Restrepo y Ramón de la Torre. La FIP empezó su trabajo muy amarrada al poder y luego, cuando se cayó el Caguán, dejó de alimentar el pensamiento de los empresarios para volverse un centro de corte más experto, metiéndose en los temas de construcción de paz. Trajo al país los debates de la ONU y otros escenarios internacionales que nadie daba aquí en Colombia.

P: ¿Cómo cuáles?

R: Las fases de la paz, qué es mantener la paz, qué es construir la paz. Toda la literatura y el pensamiento sobre DDR (Desmovilización, Desarme y Reintegración), sobre Justicia Transicional. Cuando Sergio Jaramillo (director de la FIP entre 2004 y 2006) comenzó a hablar de ese tema, nadie en el país lo hacía. La FIP, de cierta manera, empezó a despegarse de su cordón umbilical y a crear un perfil más técnico.

P: Sin embargo, conservaron ese ADN empresarial, de mantenerse apolíticos y hacer análisis del conflicto sin militancia.

R: Ha sido deliberado y en eso hay que reconocerle a Sergio Jaramillo que fue el primero que comenzó con esa línea de análisis. Un análisis sin filtros. Eso nos llevó muy rápidamente a crear Verdadabierta.com

P: ¿Cómo nació ese portal periodístico?

R: Dos inquietudes nos juntaron con María Teresa Ronderos y la revista Semana. Una, era el terror de lo que estaba sucediendo, los paramilitares hablando en la prensa y la prensa reproduciendo, sin ningún contexto, lo que decían. Entonces dijimos: ‘busquémosle los matices a esta guerra’. La otra es que este conflicto es muy largo y con mucha superposición de intereses. No tiene una definición única. Eso lo hemos ido alimentando poco a poco.

P: ¿Cree que la concepción que le ha dado Sergio Jaramillo al proceso de paz tiene raíces en la FIP?

R: No quiero decir que sea producto de la FIP, pero sí creo que es algo que él venía pensando desde que trabajó en la Fundación. Primero diseñó la política nacional de Seguridad Democrática estando con Marta Lucía Ramírez (en el ministerio de Defensa). Luego va a la FIP durante dos años y vuelve al ministerio con Santos. Esos dos años fueron una oportunidad para conocer más el país y para intercambiar con los empresarios de la junta directiva que a él le tocó, que tenían una visión de cómo había que construir la paz en los territorios. Ese tema –que es el enfoque del proceso de paz– era una inquietud de los empresarios y los proyectos iniciales de la FIP tenían que ver con eso: cómo desarrollar las regiones, qué tocaba hacer para construir Estado.

P: Verdad Abierta también ha evolucionado. Pasó de ser el gran archivo de Justicia y Paz a un medio sobre el proceso de paz y el conflicto en general.

R: Verdad Abierta nos ha permitido ver las realidades y claro oscuros del conflicto. Esos grandes reportajes sobre las verdades regionales, sobre cómo llegaron los paramilitares a las regiones, con quiénes se aliaron, quiénes fueron los resistentes, qué pasó con las empresas, nos ha dado una mirada más integral. Más allá de buscar culpables queríamos entender.

P: ¿Cuál es su conclusión sobre esa época?

R: Que todos, de una manera u otra, hemos sido responsables de lo que ha pasado. No quiero exculpar a la gente, sino decir que es un conjunto de circunstancias que se dieron en los territorios y donde todos nos equivocamos.

P: Pero no de la misma manera, ¿no?

R: No estoy hablando de grados de responsabilidad, porque hay matices. En la FIP hemos analizado muchos casos de empresas y nos preguntamos ¿dónde ponemos la vara? Hay casos que son súper claros, porque la empresa les dio directamente armas a los paramilitares, los contrató. Pero la mayoría de los casos están en una zona gris, esa donde el Estado era incapaz de proteger cualquier acuerdo y cualquier derecho.

P: La FIP ha venido trabajando de la mano con varias instituciones del gobierno. ¿Qué tan preparadas están para el postconflicto?

R: Conozco, porque hemos participado en distintos ejercicios de varias instituciones, que están buscando preparase para el postconflicto. Pero creo que falta muchísimo, falta claridad sobre qué es lo que hay que hacer, unidad de criterio. Por estar negociando en La Habana y con la idea de que nada está acordado hasta que todo esté acordado, en Colombia no se ha terminado de definir la política para el postconflicto. Si firmamos la paz el 23 de marzo como está empeñado el Presidente, estamos cortos de tiempo incluso para el Plan de Respuesta Inmediata en el cual se ha venido trabajando.

P: ¿Qué es ese plan?

R: El manual básico de estabilización postacuerdo dice que durante los primeros 12 o 18 meses después de firmarse la paz, el Estado tiene que hacer algo importante para que la gente sienta que en efecto, llegó la paz. La paz es un acto de fe, lo que se requiere transformar para que llegue toma tanto tiempo que se necesitan hacer cosas que generen un colchón de credibilidad. Sobre todo cuando tienes un Estado porque no ha hecho sino incumplir lo que promete. Están terminando de diseñar el Plan, pero mis cálculos me dicen que ya debería estar presupuestado ya. Algunas cosas seguramente están en el presupuesto nacional, pero el Plan tendremos que financiarlo con cooperación.

P: ¿No hay una línea del Presidente sobre el posconflicto?

R: Realmente no hay unidad de criterio. A mí me parece que hace falta que más gente en el Gobierno crea en la paz después de la paz.

P: ¿Por qué lo dice?

R: Los planes del ministerio de Agricultura no están alineados con la Misión Rural. No veo claro que el ministerio del Interior se esté preparando para la avalancha de movilización social que se viene. Se perdió mucho tiempo dejando acéfalo al ministerio del Posconflicto cuando su función es preparar al Estado para lograr esa unidad de criterio.

P: ¿Cree que Santos solo está pensando en llegar a la firma del acuerdo?

R: Es que tampoco tiene tiempo ni capital político para construir la paz. Para lo que le va a alcanzar el segundo mandato es para hacer la paz con un grupo que ha sido esquivo por 30 años a una salida negociada. Y eso ya es muy importante: llevarlos a la mesa de negociación y hacer la paz. Luego tiene el tiempo justo para la estabilización. Humanamente no le alcanza para hacer más.

P: ¿Qué es lo peor que podemos esperar del proceso de paz?

R: Creo que nos puede ir muy mal, aun cuando se firme la paz, si el acuerdo de Justicia no es equilibrado –incluso el acuerdo sobre la Comisión de la Verdad–porque eso puede meter al país en una discusión que nos mantenga en la orilla de la venganza y abrir más heridas. En Bosnia, uno de los casos donde más han judicializado a los autores de crímenes atroces, están otra vez al borde de la guerra, 20 años después. Lo otro grave es que el Estado mantenga su ineficacia e impermeabilidad frente a las necesidades de los territorios que más han sufrido el conflicto.

P: ¿Por qué sería el Estado más eficiente después de la firma del acuerdo?

R: No tengo la respuesta. Pero creo que la sociedad civil tiene que generar mecanismos para hacerle seguimiento a lo acordado. Es muy importante que empiece a haber un dialogo entre las FARC y los empresarios.

P: ¿Por qué?

R: Porque las FARC tiene que entender que aquí no vamos a construir paz si no hay empresa. El sector empresarial es fundamental para poder hacer cosas que ellos quieren que sucedan en los territorios. Y las empresas tienen que entender que su aproximación a los territorios tiene que reconocer que hay otros actores.

P: ¿Y si nos va bien qué es lo máximo que podríamos esperar?

R: Nos iría bien si logramos un acuerdo de justicia equilibrado, en donde haya algo de verdad y algo de justicia, no solamente para las FARC sino para terceros y la Fuerza Pública. Si nos va bien, las FARC o una parte importante van a ser fieles al Acuerdo y si nos va bien, vamos a tener un líder dentro de dos años cuya bandera va a ser construir la paz en Colombia.

P: ¿Cree que habrá firma de la paz en marzo?

R: Yo creo que se va a cumplir el cronograma que se plantearon Santos y Timochenko.

P: ¿Pensó cuando entró a la FIP que habría paz tan pronto?

R: Lo veía muy remoto. Cuando llegué a la FIP estábamos en plena Seguridad Democrática, pero siempre creímos que ese momento llegaría.

P: Al mismo tiempo, el conflicto pareciera estar mutando. De hecho, uno de los productos de la FIP son los análisis de transformación del conflicto.

R: En la FIP estamos viendo muchas mutaciones. También están saliendo a la superficie otros conflictos en los territorios.

P: ¿Cuál es la principal mutación?

R: A diferencia de lo pasó con la bacrimización, lo que está ocurriendo es que de las FARC se están pasando para el ELN y el EPL, por ejemplo en el Catatumbo. El fortalecimiento de estos insurgentes que estaban prácticamente reducidos a su mínima expresión, como el EPL, es un fenómeno nuevo y eso no lo sospechamos antes. Siempre pensamos con el lente de las Bacrim.

P: ¿Se irán los guerrilleros que no quieran desmovilizarse a las Bacrim?

R: En algunas zonas eso va a suceder. Como en el Putumayo, donde tal vez no se desmovilicen y quieran seguir con el negocio del narcotráfico. El tema del crimen organizado es un desafío muy grande.

P: ¿Y qué es lo que comienza a salir a la superficie?

R: Todos los conflictos que tienen que ver con autoridades administrativas, como los laborales, los de tierras. Ese tipo de conflictividades están en los territorios y no hay un Estado que pueda resolverlos. Todo eso va a salir a flote dejando en evidencia la fragilidad del Estado, no desde el punto de vista de seguridad, sino de gobernanza.

P: La FIP se ha metido de lleno a entender las economías criminales. ¿Cuáles son las principales conclusiones de esos estudios?

R: En la etapa de transición, el Estado tiene que tomar la decisión de qué va a hacer frente al crimen organizado en esas zonas donde se implementarán los acuerdos. Allí, buena parte de la población está articulada alrededor las economías ilegales. ¿Vamos a entrar en esa lógica, por ejemplo, como lo anunció el Presidente cuando declaró la guerra contra la minería ilegal, o de estabilización, y de generar confianza de la población en el Estado? No hay una solución perfecta. Si dejamos que prosperen y maduren estas economías criminales va a ser muy difícil construir un Estado legítimo.

P: Si las FARC desaparecen como grupo armado, ¿a qué se dedicará la FIP?

R: La agenda la planteamos en nuestra celebración de 15 años. Hasta ahora solo comenzamos a hacer las paces, pero toca mantener esas paces y construir la paz. Por eso acabamos de lanzar el documento La oportunidad de la paz, una propuesta de transformación.

P: ¿Existe entonces una gran oportunidad?

R: Depende de lo que hagamos. No habrá paz por generación espontánea, depende de las decisiones que tomemos.