Este artículo fue publicado en el portal Razón Pública el 13 de julio de 2015.

Más cultivos y más producción

El más reciente censo de cultivos ilícitos en Colombia reportó un aumento del 44 por ciento entre 2013 y 2014 en el número de hectáreas cultivadas, lo que interrumpe la tendencia a la baja que venía desde 2008.

Este informe, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contras las Drogas y el Delito, muestra, además del aumento del número de hectáreas cultivadas, un incremento notable en el potencial de producción, que pasó de 290 a 442 toneladas métricas (lo que equivale a un alza del 52 por ciento).

Este artículo analiza cinco hipótesis que podrían estar detrás de este aumento. No hay explicaciones sencillas ni únicas y en la realidad se encuentran causas múltiples, con pesos distintos según sea la región que se analice. Por eso no pretendemos apuntar a un solo factor.

Hipótesis 1: Las FARC están incitando a los campesinos a sembrar coca.

Hay una alta coincidencia entre los departamentos con los mayores aumentos en la producción de coca y la presencia activa de los frentes de las FARC. Pero este no es un elemento nuevo, pues es bien conocida la participación de la insurgencia en la cadena del narcotráfico, así como su capacidad de presión sobre las comunidades.

Lo nuevo de esta hipótesis es la incitación de las FARC a sembrar coca con el argumento de que las comunidades que lo hagan podrán beneficiarse de los programas de sustitución en una eventual aplicación de los acuerdos de paz. Diversas fuentes en el terreno han confirmado esta versión y señalan que los habitantes han recibido el mensaje de que cultiven más coca para recibir beneficios del gobierno.

Laboratorio clandestino de cocaína en medio de la selva. Foto: we_free.

Estas son poblaciones que han visto cómo las instituciones del Estado llegan y se van, y cómo los grupos armados se repliegan y regresan. No es la primera vez que oyen hablar sobre la posibilidad de acceder a recursos del Estado usando la coca como factor de negociación. Los ciudadanos que habitan estas zonas, tiene tienen niveles de confianza en el Estado significativamente menores y son escépticos frente a la institucionalidad. Difícilmente creerían en este tipo de promesas.

Pero incluso aunque este aumento esté relacionado con la presión de la FARC en sus zonas de influencia, quedan dudas sobre si este cambio es jalonado por las expectativas frente a los programas estatales.

En un contexto donde el consumo en Estados Unidos y en varios países europeos ha venido decreciendo, surgen preguntas sobre la demanda que estaría impulsando este mercado. Una mirada a las rutas de la cocaína hacia Suramérica y el creciente flujo hacia Europa Occidental y Central a través de África podría ayudar a encontrar una respuesta.

Principales Rutas del Tráfico Mundial de Cocaína


Fuente: UNODC, Informe Mundial sobre Drogas 2015.

Hipótesis 2: La reducción de la aspersión aérea y de la erradicación manual han aumentado los cultivos de coca.

Como se puede observar en la gráfica siguiente, la aspersión aérea se intensificó entre 2000 y 2006 y desde entonces se redujo contantemente hasta 2014, cuando se dio un aumento del 18 por ciento respecto del 2013. La erradicación manual también presentó un ascenso entre 2000 y 2008 y desde entonces se ha venido reduciendo todos los años.

Fuente: Elaboración propia con información del www.odc.gov.co

En 2013 las aspersiones aéreas disminuyeron en más del 50 por ciento y la erradicación manual también disminuyó sustancialmente. Sin embargo, el número de hectáreas cultivadas no aumentó.

En 2014 la evidencia indica que en cuatro de los seis departamentos donde aumentó el área con coca también se intensificó la aspersión aérea. Un caso distinto es el de la erradicación manual, pues solo uno de estos departamentos mostró índices superiores a los del año anterior.

Es posible concluir entonces que no hay una relación directa entre la cantidad de hectáreas asperjadas con glifosato o erradicadas manualmente y el área sembrada con coca en Colombia (una hipótesis que ya había sido descartada por varios estudios).

Hipótesis 3: La caída del precio del oro llevó a las familias a volver a sembrar coca.

Una de las explicaciones que se han barajado afirma que la baja en los precios del oro habría producido el desplazamiento de la fuerza de trabajo de la minería informal a los cultivos de coca. En 2012, cuando las hectáreas con coca disminuyeron, se señaló como posible causa el aumento del precio de este mineral y el traslado temporal de los cultivadores a actividades más rentables, como la extracción de oro.

Fuente: Elaboración propia basado en UNODC

En términos generales se encuentra una fuerte correlación entre el precio del oro y el número de hectáreas cultivadas con coca (como se puede ver en la siguiente gráfica). Se podría entonces especular sobre un efecto de compensación entre estas dos economías ilegales.

Al poner a prueba esta hipótesis en las zonas de producción se encuentra que la relación no siempre fluye en la misma dirección. En Antioquia y el sur de Bolívar se encuentran municipios afectados con la actividad minera que también tienen aumentos en el número de hectáreas.

En el Pacífico, por su parte, hay zonas donde aumentó la coca al tiempo que se estabilizaba la actividad minera, y otras zonas en donde la extracción de oro es intensa y sin embargo se dio un leve aumento en las siembras de coca.

Este hecho llevaría a considerar al oro no como substituto sino como complemento del narcotráfico. Esta tendencia se estaría consolidando durante 2015, con la configuración de zonas minero-cocaleras done las organizaciones criminales le apuestan a tener el control de ambas economías criminales.

Teniendo en cuenta estos factores se podría decir que si bien el efecto de sustitución de oro por coca puede ser señalado como uno de los factores que influyó en el aumento del número de hectáreas en 2014, se estaría consolidando más una relación de complementariedad entre estas actividades.

Hipótesis 4: El aumento del consumo interno estaría estimulando los cultivos en algunas zonas.

Incautación de cargamento de cocaína en la costa pacífica colombiana. Foto: Official U. S. Navy Page

Esta hipótesis es difícil de sostener. Es cierto que el consumo de cocaína en Colombia ha aumentado, como muestra el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivaselaborado por el Ministerio de Justicia, según el cual el uso de cocaína alguna vez en la vida aumento del 2,5 a 3,2 por ciento de 2008 a 2013, y el uso reciente se mantiene estable en 0,7 por ciento. Pero, ¿es esto suficiente para considerarlo como un factor de empuje de la producción?

El Ministerio de Justicia y del Derecho estima que para una población de consumidores de 288 mil personas se requieren alrededor de 19 toneladas de cocaína al año. El Estudio Nacional de Consumo calcula en 162 mil personas el número total de usuarios de cocaína en 2013, las cuales demandarían aproximadamente 12 toneladas, lo que representa el 2 por ciento del total de la producción en 2014 (que fue de 442 toneladas).

Para cubrir la demanda local se necesitarían entonces alrededor de 11 mil hectáreas o probablemente mucho menos, tomando en cuenta la cantidad de cocaína consumida. Bajo esta perspectiva, el consumo interno es un factor marginal en el aumento de la producción, sobre todo teniendo en cuenta las más de 200 toneladas que demanda el mercado de Estados Unidos.

Hipótesis 5: La concentración de cultivos se da en zonas donde se dificulta la intervención integral.

Es cierto que los cultivos en 2014 se concentraron en zonas donde es difícil la intervención integral. Sin embargo, este no es un hecho nuevo o una causa específica que contribuya a explicar el cambio.

Pero esta hipótesis es interesante porque conlleva una pregunta sobre la sostenibilidad de la intervención estatal basada en una estrategia asimétrica es decir, con fuerte acento sobre la represión y con una limitada capacidad de sustituir los cultivos. En otras palabras: sin un cambio en las vulnerabilidades territoriales y en las condiciones de esas zonas, difícilmente se podía sostener la tendencia a la baja.

Desde esta perspectiva, el aumento de los cultivos en 2014 es una muestra más del agotamiento de una política basada en la eliminación de los cultivos, que no ha estado acompañada con una mayor presencia efectiva del Estado para poner en marcha procesos sostenibles de desarrollo rural y ofrecer alternativas lícitas viables para las comunidades que participan en esta economía ilegal.

Hay razones para rediseñar la política actual. No solo debido a la prolongación del conflicto armado y a la influencia de múltiples organizaciones criminales, sino a la inercia de un enfoque cuyos resultados han sido temporales e insostenibles.

Julián Wilches, exdirector de Política contra las Drogas del Ministerio de Justicia y del Derecho de Colombia.