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Autor: Coronel (r) Carlos Alfonso Velásquez R.

El debate sobre el papel de la fuerza pública en un escenario de postconflicto y su necesaria readecuación está vigente. Colombia está ad portas de cerrar el conflicto con la guerrilla de las FARC y posiblemente con el ELN, para así emprender de lleno el postconflicto y la necesaria construcción de la paz[1]. Es así que llegó el momento de hacer propuestas específicas sobre el rol de las Fuerzas Armadas y si será necesario reajustar su misión, funciones y estructura.

De cerrarse el conflicto armado con las guerrillas de las FARC y el ELN, el escenario de seguridad tendrá un cambio representado en la disminución de las amenazas a la seguridad interior provenientes de esos grupos armados, pero también se prevé una mutación en el sentido de que los principales retos a la seguridad estarán constituidos por las diferentes modalidades del crimen organizado en lo rural y la delincuencia, tanto organizada como común, en las ciudades. Ambos con la potencialidad de afectar directa e indirectamente varios de los Derechos Humanos fundamentales de los colombianos, como la vida, la libertad personal y la propiedad.

De cerrarse el conflicto armado con las guerrillas, los principales retos a la seguridad estarán constituidos por diferentes modalidades del crimen organizado en lo rural y la delincuencia

Por otra parte, también se está conformando un escenario internacional que hace mantener la razón de ser constitucional y misional de las fuerzas Militares (FF.MM.) de todas maneras, como el escenario de seguridad cambiará, y de hecho ya está cambiando, la fuerza pública tiene que readecuarse para afrontar de la mejor manera los nuevos retos.

Por lo anterior, se propone reorganizar la actual fuerza pública creando una Guardia Nacional Rural (GNR) mediante el desdoblamiento proporcional en personal y logística de la actual, incluyendo la posibilidad de que en su proceso de reintegración exguerrilleros y exparamilitares también hagan parte de ella. La creación de la GNR cumpliría satisfactoriamente con los criterios de conveniencia, pertinencia y viabilidad. Ello genera una alternativa para afrontar tanto las amenazas a la seguridad interior previsibles, como para contribuir a solventar un inveterado problema del país: la debilidad crónica de las instituciones en las zonas de la periferia como prerrequisito para sacar adelante la tarea pendiente de desarrollar en toda su dimensión el campo colombiano. Esta opción permite ofrecer una vida más segura y digna tanto para los campesinos, indígenas y afrodescendientes, como para los empresarios del campo y sus inversiones, sin descuidar lo alcanzado en el resto del país. En esto último, la creación de una GNR le permitiría a la Policía Nacional concentrarse en su principal razón de ser misional: la seguridad ciudadana y a las FF.MM. reprofesionalizarse para afrontar los retos de un mundo cada vez más interdependiente en su seguridad.

Aunque el Ministerio de Defensa manifiesta estar trabajando en la transformación de las Fuerzas Armadas, la creación de la policía rural es una opción que debe explorarse como una alternativa

Aún más, entre lo que se ha acordado en La Habana sobresale el compromiso para realizar en Colombia una reforma rural integral durante la etapa del postconflicto que incluye una reforma agraria pero es más que eso, pues en el fondo se trata de un desarrollo rural multifacético. Y en esta macro-tarea que debe acometer el país, la GNR contribuiría de mejor manera a construir paz, despejando los distintos temores de seguridad personal, tanto de los empresarios del campo y ganaderos como de los campesinos y excombatientes.

La Policía pudo pasar de aquella fuerza politizada (“chulavita”) durante “La Violencia” a una policía más profesional y legitimada gracias al acuerdo de paz que fue el Frente Nacional. En ese entonces desaparecieron las 13 policías existentes para ser reemplazadas por una sola Policía de carácter nacional, evitando así su manipulación por los partidos políticos y las autoridades locales. Al mismo tiempo en que se transformaba la Policía, iniciaba el conflicto interno que estamos tratando de cerrar y las necesidades de seguridad interna fueron sobrepasando las capacidades de la Policía Nacional demandando que el Ejército (y después las FF.MM.) se involucraran cada vez más en la seguridad interior. Al superarse este conflicto se abre otro período en el que es conveniente, pertinente y viable que las instituciones de seguridad evolucionen en la dirección que aquí se propone.

Por esta razón este documento espera contribuir con elementos de juicio al debate.

[1] “En el país ya se han empezado a vivir situaciones de postconflicto. Una muestra de esto es que el año pasado en casi el 95% del territorio no se presentaron atentados terroristas por parte de FARC o ELN. Hace 15 años, el 60% del territorio registraba algún tipo de ataque terrorista”. Aparte de la ponencia de Diana Quintero, Viceministra para la estrategia y la planeación del Ministerio de Defensa, en el Foro “Reforma a las Fuerzas Armadas y escenarios de postguerra y postconflicto” realizado en FESCOL el 22 de julio 2014.