Columna publicada en la revista SEMANA SOSTENIBLE el 18 de noviembre de 2012

La importancia del sector empresarial en la construcción de una paz sostenible y duradera en Colombia, no es de talla menor. Primero porque es un sector que tiene recursos y pasar de una situación de conflicto a una de paz, requiere dinero. Pero el aporte económico no es suficiente. Se necesita de capital político y de la capacidad de incidir en la reconstrucción del capital social. Es aquí donde los empresarios pueden jugar un papel determinante a favor o en contra de la terminación del conflicto. Por algo, los líderes empresariales tienen un lugar en la mesa de negociación con las FARC. Y no para discutir, únicamente, los empleos que podrían dar a los desmovilizados, sino para jalonar un proceso de paz que sea verdaderamente sostenible.

Sin embargo, no todo el empresariado colombiano tiene esta visión. Luego de la desmovilización de los paramilitares, son contadas las empresas que le apuestan al tema de la reintegración de excombatientes. Son tímidas pero también temerosas. Los empresarios están mucho más dispuestos, por ejemplo, a pagar un impuesto por la paz. Para algunos resulta más cómodo girar un cheque que comprometer su empresa con iniciativas concretas. Esto quizás se debe a que no todos los empresarios entienden la construcción de paz como un elemento importante para la sostenibilidad de su negocio. Son pocos los que piensan: ‘si mi entorno no es viable mi negocio no es viable’, como dice un empresario.

En el fondo, las empresas no ven cómo pueden beneficiarse ayudando a construir la paz, más allá de dar su voto de confianza al Gobierno. Por eso, frente a la invitación de generar empleos para excombatientes, otra respuesta frecuente es decir que por su actividad, esa labor les corresponde a otros. Pero el estigma es una realidad. Se sabe que muchos excombatientes que han conseguido trabajo por sus propios méritos, han sido despedidos cuando el empleador se entera de su pasado.

Y aquí viene otra aclaración. La reintegración de excombatientes no es la única manera de contribuir directamente a la construcción de paz. Hacerlo, por supuesto, es muy importante, pero hay ejemplos exitosos de empresas que no han reintegrado pero trabajan en programas de desarrollo y paz, los cuales incluyen reducir fenómenos que contribuyen al conflicto, hacer más sostenibles procesos sociales y mejorar la calidad de vida de poblaciones en riesgo. También están las que buscan la generación de desarrollo rural a través de grandes proyectos que integran a los campesinos como pequeños empresarios.

La creatividad puede ser un gran aliado. Una institución financiera tal vez no contrate a un excombatiente para que lleve sus cuentas, pero si podría desarrollar una línea de crédito accesible para ese tipo de población que no tiene una historia crediticia.

Además, para aportar a la construcción de paz las empresas pueden trabajar con las víctimas. En un estudio de la FIP sobre desplazamiento forzado y operación empresarial, encontramos que muchas empresas descubren, después de mucho tiempo, que parte de su población beneficiaria es desplazada. Son contadas las que diseñan programas dirigidos a esa población, lo que implica tener un enfoque psicosocial distinto así como un proceso de selección distinto.

Ayudar a construir la paz no es fácil pero sí resulta una gran inversión a mediano y largo plazo. Iniciativas como el Premio Emprender Paz, que ha exaltado 20 prácticas empresariales encaminadas a la construcción de paz, demuestran que sí es posible. Numerosos ejemplos han sido documentados por el Observatorio de Responsabilidad Social Empresarial, Derechos Humanos y Construcción de Paz de la FIP, que apoya la promoción y el afianzamiento de la participación del sector empresarial en la superación del conflicto y la construcción de una paz sostenible.